• ¿Qué pasó con los archivos de Discos Fuentes?

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    Sergio Santana pone luz al destino, presente y futuro de Discos Fuentes, la que fuera la principal casa discográfica de América Latina.

    DiscosFuentes_MedellinlEn varias oportunidades nos han preguntado investigadores del país y también del exterior, ¿Qué pasó con el patrimonio discográfico de Discos Fuentes después de cerradas su fábrica e instalaciones del barrio Guayabal, de Medellín?, y que como sabemos este espacio físico fue adquirido por la empresa Leonisa.
     
    Pues bien, la colección fue donada a finales del año 2013 al ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano), institución que pertenece al Municipio de Medellín y que tiene cerca de 24.000 estudiantes en diversas sedes. La donación fue recibida en la sede ubicada en la parte superior del barrio Boston (en las antiguas instalaciones del Colegio San José). A continuación les remito la información suministrada por María Camila Zea en la revista La Tekhné de dicha institución:
     
    Fuentes 3A la sede arriba de Boston llegaron aproximadamente 113 cajas, las cuales contenían 13.000 discos y otras 20 con material diverso como libros (634), revistas (662), partituras (1.172), catálogos (27) y cuadros (16). Esta colección por el momento reposa en un archivo rodante en el campus Fraternidad del ITM, con el fin de efectuar un proceso de análisis de información y catalogación para dejarla a disposición pública a través de las bases de datos de la Institución.
     
    Hay que aclarar que los 13.000 discos donados no son los de Discos Fuentes como tal, sino de los discos de muestra que recibía de otras casas discográficas como Odeón, Fania, Orfeón, Tamayo, Rodven… y los que adquiría para su propio uso. Los discos que prensó Fuentes, los del sello amarillo y otras modificaciones posteriores, las retuvo la disquera por ahora mientras realiza la digitalización de estas. Posteriormente serán igualmente donadas.
     
    Hasta la fecha e ITM ha realizado con la donación lo siguiente:
     
    1. Se realizó un inventario plano en Excel con el fin de que los investigadores y profesionales que hacen parte de este proceso tengan datos claros y concisos del material.
    2. Análisis de información de cada uno de los discos para ingresarlos sistema del ITM con la información de referencia, como título, autor, compositor, descripción del contenido y las canciones.
    3. Proyección de un proceso de digitalización a mediano plazo para ofrecer el material de manera más directa a los usuarios potenciales.
     
    Con este material y hasta la fecha se han llevado a cabo varios proyectos de investigación en torno al patrimonio sonoro colombiano, factor importante para que Discos Fuentes optara por donar la colección. Entre esos proyectos está la publicación del libro La Arqueología del Chucu Chucu, La Revolución Sonora Tropical Urbana Antioqueña, Medellín Años 60 y 70. Proyecto que se llevó a cabo en el 2013 con el apoyo de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Libro no comercial consultable en todas las bibliotecas de la ciudad.
     
    Posteriormente, se publicó un disco llamado Raíces del Rock Tropical, un homenaje a Afrosound. Así mismo, un video reportaje denominado Afrosound: Cuando el Chucu Chucu se Vistió de Frac, disponible en YouTube, el cual obtuvo el premio nacional de periodismo Simón Bolívar en la categoría Crítica e Investigación para TV.
     
    Como continuación del proyecto antes mencionado surgió el trabajo El Pionero del Rock Tropical Mariano Sepúlveda y su Cumbia Eléctrica, el cual está en proceso de realización y se concentra en la figura del guitarrista más influyente de Discos Fuentes, Mariano Sepúlveda.
     
    En fin, está en buenas manos este patrimonio cultural y próximamente, cuando terminen de organizarlo y clasificarlo, estará abierto al público.
     
    De otro lado, varios de los equipos ya obsoletos para el procesamiento de audio fueron donados a la Universidad de San Buenaventura que tiene una carrera llamada Ingeniería de Sonido. Y la Biblioteca Pública Piloto recibió su archivo fotográfico en formatos de papel y transparencias.
     
    Fuentes 2Finalmente, Discos Fuentes todavía existe, están ahora ubicados en una nueva sede en el barrio El Poblado de Medellín. Siguen con su editora EDIMUSICA y realizando producciones, recordemos que en el diciembre anterior produjeron el volumen 56 de sus famosos 14 Cañonazos Bailables y otras producciones de salsa colombiana y vallenatos. Además, continúan con la digitalización de sus archivos, o sea los LPs y CDs prensados por la empresa, para garantizar su perfecta conservación.
     
    ¿Qué pasará con los archivos de Discos Tropical que adquirieron a finales de los 80? Es la pregunta que nos hacemos…
     
    Sergio Santana

  • Las locuras rítmicas de Pérez Prado

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    Ediciones Santo Bassilón presenta lo último de Sergio Santana: la vibrante biografía de Dámaso Pérez Prado. Adelantamos un capítulo.

    Sergio Santana Archbold acaba del lanzar nuevo libro en su ya larga lista de biopics literarios: Pérez Prado ¡Qué rico el mambo! Sobran las palabras, pues don Dámaso fue un personaje con una vida plagada de anécdotas. Ya estaba haciendo falta un recuento del rastro que dejó su leyenda. El centenario de su nacimiento es un inmejorable pretexto para ello.

    El libro viene, por supuesto, numerado como sus mambos, y parte de su patria chica, Matanzas, para sumergirse en el glamuroso mundo de la fama, la fortuna, el cine, la televisión, las mujeres y el baile de La Habana, Nueva York y en especial de México DF. Pero sobre todo en el de la música, pues Dámaso Pérez Prado fue un hombre consagrado a su arte, que se sentaba al piano cada día a ensayar y ensayar y a crear y crear.

    Tenemos por ello el gusto de presentar esta obra en sociedad, transcribiendo uno de sus capítulos: el dedicado a los ritmos y estilos que inventó. Sorpresas y diversión aseguradas.

    Mambo No. 12 Las otras locuras rítmicas

    Decidido a no convertirse en cara de una sola moneda, Pérez Prado comenzó a experimentar con nuevos ritmos y formas de baile desde 1951. Sus mambos recibieron tres clasificaciones: mambo-kaen, los más lentos; mambo-batiri, los más rápidos y los mambos propiamente dichos que equilibraban el frenesí rítmico y fueron los que más identificaron a lo que hemos llamado “el sonido perezpradiano”. Los “nuevos productos” que presentó de una forma u otra tenían antecedentes en el mambo, no pudo desligarse de su creación, tal parece que el mambo era muy celoso y no lo dejó triunfar con las otras sonoridades que se le ocurrían en medio de sus locuras y genialidades.

    El primer ritmo que presentó diferente al mambo lo llamó Baklan y lo hizo con una sola grabación de julio de 1951 a la que tituló, precisamente, Paso baklan, con mucho de mambo y algunos golpes más. Con una sola grabación se esperaba que no trascendiera y efectivamente eso sucedió.

    Luego vendría el Suby con El primer suby, grabado en México el 18 de noviembre de 1952. Meses antes en Nueva York, el 8 de febrero, había grabado Alékum-Sálem y lo clasificó rítmicamente como suby-mambo. Siguieron otros subys como El rey del suby, Suby universitario, A lo Billy May -mambo-suby-, Lindísima, A la Mangano, Suby del Poli, El ba-ba-la balau, Suby en París, El suby, Chiquita pimienta y Yum-bam-be. Este último grabado el 3 de noviembre de 1953. En resumen, en un año grabó 13 subys y no pasó nada. Sólo se publicó un álbum de diez pulgadas con ocho de éstos y unos cuantos sencillos. Muchos los catalogaron como “mambos acelerados”.

    No se quedó quieto y para 1954 propuso un ritmo al que llamó La culeta, fue su respuesta al chachachá, con la adición de violines a la instrumentación requerida para hacerlo compatible con la charanga tradicional, y que puede tomarse como “un chachachá mambeado”. A pesar del optimismo solo registró dos culetas: Ana la polaca y Rosina, ambos grabados en Hollywood el mismo día: 16 de febrero de 1955. Y no, tampoco trascendió.

    También en 1954 intentó con otro ritmo al que llamó Mene-Mene, con mucha presencia mambera, y del que solo quedaron dos grabaciones: Cuatro paredes y El Mene-mene. Grabados el mismo día en que grabó su super éxito Cherry pink and apple blossom white: 23 de agosto de 1954. Este éxito, seguramente, opacó al nuevo ritmo y no insistió en grabaciones.

    Por esos mismos días anunció la creación de otro ritmo al que llamaría Pau-Pau pero no se conocen grabaciones, o por lo menos, en los discos no aparecen como un ritmo nuevo. Solo aparece interpretado en la película Cantando nace el amor, la última que alcanzó a musicalizar en México en los días de su expulsión del país.

    Otra propuesta rítmica apareció en 1958 y lo llamó El ja, que no dio ni risa. Llegó desde España en un álbum grabado en Madrid y que sólo decía El Ja Nuevo ritmo de Pérez Prado y su orquesta. En la grabación participaron dos cantantes -además de Pérez Prado- solo reseñados como Mary Cruz y Miguel Ángel.

    Las combinaciones de mambo y otro género se dieron en 1961 cuando Pérez Prado publicó el álbum Rock-ambo, en este caso no era un ritmo nuevo con nombre singular, sino la combinación de dos géneros reconocidos en la escena mundial: el rock y el mambo. Hay que resaltar de que antes de publicar este álbum ya había realizado grabaciones con el rock and roll, por ejemplo Cuban rock y Whistling rock, grabados en abril de 1956, y también Rock’n roll cha-cha-cha y Crazy cha-cha-cha. El álbum presentó temas como Rockambo a la Prado, El rikitiki, Rockambo baby, Rockambo No. 4 y Rockambo bop. Esta nueva travesura resultó un híbrido más. Nos quedamos esperando más.

    En ese mismo 1961, y con una intensa promoción en la que estuvo involucrado el instructor de baile y comerciante Arthur Murrays, presentó La chunga. A este se le dedicó un álbum completo titulado Pérez Prado features the new dance La Chunga by the Arthur Murrays con títulos como Ritmo de Chunga, La chunga, Chunga-la chunga-la, Rica chunga, Teresita la chunga (María Engracia), Chunga es, Bailando la chunga. En las notas del disco de la contraportada se lee: “En la portada usted verá una foto a color del trío responsable de la chunga: Arthur y Katheryn Murray y su director Pérez Prado. Es una mezcla de merengue, cha-chá y otros ritmos latinos. La idea comenzó cuando se encontraba Pérez Prado jugando con un chico en Cuba, un juego con muchos movimientos de los pies, y cuando llegó a sus estudios, en Manhattan, le explicó a Murrays que el movimiento de los pies podría ser la base de un baile nuevo, y ellos comenzaron a trabajar sobre este tema”. Desafortunadamente la chunga apareció en los días vibrantes de la pachanga y el twist, que sonaban por todos los lados, y fuera de este álbum no hubo más grabaciones y no trascendió.

    Al año siguiente se involucró con el twist y con la producción de Herman Díaz Jr. publicó el álbum titulado Now! Twist goes latin, donde presentaba el twist latino a su modo, con pinceladas de mambo para no perder la costumbre. Los doce temas incluidos se pasearon por el saltarín ritmo que llevaba al frenetismo a la juventud, pero no convencieron, a los jóvenes les pareció que Prado con sus 45 años estaba muy viejo para este baile. Las versiones twist de Patricia y Cherry pink and apple blossom white, sus mayores éxitos, terminaron como una faena más.

    Tal parece que la premisa de Pérez Prado por estos días era presentar un ritmo nuevo anualmente. El hecho lo confirma la publicación del álbum Our man in Latin América de 1963, en el que presentó su nueva diablura rítmica: el Bongoson, presentado en la contraportada del larga duración como Una espléndida fórmula bailable que combina maravillosamente el twist con el son cubano. Cuatro temas fueron clasificados como bongoson: Estrellita del sur, Campanitas de cristal, Guadalajara y Tico tico no fuba, todas composiciones muy reconocidas. El álbum se completó con estándares de la música latinoamericana llevados a otro ritmo diferente al conocido: Canto siboney de Lecuona es un bossa nova, Pachito Eché de Alex Tovar es un bossa nova, el tango Uno es un chachachá, Alma llanera es un bossanova y el merengue Compadre Pedro Juan es un bossa nova. Una propuesta interesante que también pasó inadvertida.

    Cuando regresó a México en 1964 traía en sus carpetas otro ritmo nuevo que tuvo una relativa aceptación: El dengue, basado en el golpe de unas baguetas sobre un rin (aro) metálico de los utilizados por los automóviles. Con la grabación de dos álbumes, uno para Discuba y otro para Orfeón, arrancó el dengue con Dengue del puerquito, Dengue universitario, Dengue del tartamudo, Carolina dengue, Chicago dengue, Dengue del Poli, A ritmo de dengue, Montuno dengue, Dengue del bombero, Dengue del mar, Maravilla dengue, Dengue a go gó, Mary dengue, Dengue del amor, Dengue de la montaña y Dengue del tiburón. El ritmo se consolidó con la película de 1965 El dengue del amor con la participación estelar de Adalberto Martínez Resortes y del mismo Pérez Prado.

    En enero de 1964 Pérez Prado hizo una gira por Lima, Perú, para lanzar el nuevo ritmo. Cuando los periodistas limeños le pidieron que definiera el dengue, les dijo: Esto es una mezcla de mambo, twist, bossa nova y chachachá… Musicalmente no es nada más que un disparate… ¡Pero un disparate que ha sido mi éxito indudablemente! En este viaje a Perú se llevó para a su orquesta al joven percusionista Alex Acuña, el timbalero que necesitaba. Años atrás, durante su primer viaje a Perú, en marzo de 1951, uno de los miembros de su orquesta se quedó en Lima, el saxofonista Freddy Roland, El Flaco -se llamaba en verdad Ángel Bagni Stela-. En 1952 formó su propia orquesta, que llegó a ser muy popular.

    Para el año siguiente el dengue no volvió a sonar, aunque en Cuba tuvo acogida por parte del conjunto de Roberto Faz cuando grabó, entre otros, Dengue del pollo y Carolina dengue.

    Pérez Prado insistió con los sonidos anglosajones, era su forma de tratar de volver al gran mercado norteamericano, y en 1966 grabó A go gó en un álbum para el sello Orfeón. Otra vez con la presencia del mambo: Mambo a go gó, En el mar a go gó, A go gó latino, Fanny a go gó, Tea a go gó (Tea for two), Niña a go gó y Harlem a go gó. En grabaciones posteriores insistió con el A go gó con temas como Mamma a go gó, A go gó y Dengue a go gó, en 1967.

    En 1968 golpeó con Mambo del taconazo, una frivolidad con un tinte de banda mexicana que no pasó de un solo tema con el nombre del ritmo y alcanzó a sonar en la radio. Curiosamente publicado en tiempos cuando ya no estaba con RCA Víctor, la disquera lo engavetó para esperar una oportunidad. En el álbum en el que se publicó el único taconazo también apareció el pata pata de Miriam Makeba y un boogaloo que buscaba acercarse al sonido de la irreverente juventud neoyorquina. Ese año también grabó Casatschok, el éxito de Georgie Dann, inspirado en aires populares rusos. Grabó igualmente el brasileño bossa nova en 1963. Sobra explicar que estos ritmos no son creaciones del matancero, solamente puestas al día para no quedarse relegado.

    La década del setenta, en pleno boom salsero que tenía una gran deuda con el Rey del mambo, sorprendió con dos nuevos ritmos que en general eran reescrituras de grabaciones anteriores con sonidos contemporáneos, mucha sicodelia, algo de go-go, de rock desnaturalizado o con algún acento rítmico novedoso. Estamos hablando de los ritmos Latin bump, o simplemente Bump, y el Latin hustle. Del primero quedaron tres álbumes con grabaciones como Mambo bump, En el mar bump, Latin bump, Fanny bump, Niña bump, Harlem bump, Baila bump, Yeah yeah bump, Mi nena baila el bump, África bump, Baila bump y Bump de percusión. Por su parte, del Latin hustle quedó una grabación con Caliente hustle, Tijuana hustle (Amalia y Tijuana) y Cerezo hustle.

    En la misma década del setenta Orfeón publicó un álbum titulado Salsa a la Pérez Prado, un engaño en el título pues solo era un LP recopilatorio de sus grabaciones con el sello desde mediados de los sesenta. No era necesaria esta publicación porque sin el mambo de Pérez Prado la salsa sería inconcebible.

    Pérez Prado tuvo siempre un impulso constante de modernización, una necesidad de no quedarse relegado, de proponer, de investigar, de viajar con el ritmo hacia nuevas sonoridades. Los diferentes ritmos en los que intentó el éxito se encontraron con un mambo celoso que nunca le dejó espacio y gloria a otro nombre. Su genialidad está representada en todas estas locuras que presentó.

    En agosto de 1977, cuando el periodista Federico Gómez Pombo le preguntó ¿Es cierto que ya no compone mambos? Esto respondió con plena certeza:

    De vez en cuando compongo alguno porque de eso vivo y el público no me entiende y pide mambo. Pero el mambo ha quedado y nadie lo mueve. Ahora llevo ya como diez años tratando de hacer algo que no sea mambo. Puede decir usted que estoy en contra mía para darle en la torre al mambo. Matar al mambo es lo único que quiero, pero no he podido. El público quiere mambo…

    Me he parado en el Blanquita con un rin de coche, y le empiezo a explicar al público: ¿Saben qué es ésto? ¿Ya conocen cómo suena un rin? y empiezo: taca taca tá, taca taca tá. Y cuando voy agarrando fuerza, me ha pasado que oigo un grito en la gradería: Caballo Negro, La chula Linda, Mambo No. 5, ¡Hijo!, digo yo, así no se puede…

    ¿Sabe? el mambo es como una mujer que uno ya quiere dejarla, y no puede dejarla, y se pelea con ella y ahí sigue.

    Contra el mambo, dice, no han podido ni el suby, ni el dengue, ni el baclán, pero sigo inconforme. Por eso me he metido a hacer arreglos de compositores clásicos. ¿Ha visto usted cómo embisten los toros? pues así lo hago, hasta que encuentre otra cosa (Gómez Pombo, 1977).

    En abril de 1978 cuando se le preguntó por la salsa que sonaba por toda Latinoamérica, luego de descalificarla como un ritmo nuevo y como un cuento para engañar a la gente y ganar miles de dólares, anunció que estaba creando un ritmo nuevo del que nunca se conocieron grabaciones:

    Voy a lanzar un ritmo nuevo que se llamará el ajiaco, pero este será más rico porque lleva arroz, frijoles, pollo, falda y carne de puerco (Alfaro, 1978).

    A manera de conclusión, cuando en 1979 Erena Hernández le preguntó: ¿Usted siempre está inventando?, el pianista matancero le respondió:

    Me encanta formar problemas [risas]… es muy bonito (Hernández, 1986, 25).

    Citas:
    Alfaro, Marco Antonio (1978, 30 de abril). ¡Y el mambo cumplió 30 años! Unomásuno. México.
    Gómez Pombo, Federico (1977, 21 de agosto). “¡Uhj!” Cadena perpetua con el mambo. Proceso. Revista 42. México.
    Hernández, Erena (1986). Conversación con Pérez Prado. En La música en persona (pp. 13-27). La Habana: Editorial Letras Cubanas.

  • El bilongo de Richard Bona

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    Isabel Llano
    nos cuenta como el músico camerunés golpea con mucho bilongo en Heritage, su nuevo disco acompañado por el grupo Mandekan Cubano y producido por Quincy Jones.

    En la tradición afrocubana la palabra bilongo significa hechizo amoroso, aquel que le echó la Negra Tomasa a su marido en la célebre canción cubana. ¿Quién no reconoce ese estribillo que todos hemos tarareado o sufrido alguna vez y que ha sido versionado en todo el mundo por todo tipo de músicos y ritmos? Pues bien, parece que a Richard Bona también le han echado bilongo los músicos cubanos del grupo Mandekan y aquí te traemos los detalles de toda esta brujería musical. ¡Kikiribú mandinga, kikiribú mandinga!

    “¡Aeeeeee…un solo golpe na’ma’!”, advierte el coro, antes que el bajo y el timbal marquen la entrada de los demás instrumentos. Así empieza Jokoh Jokoh, uno de los 12 temas de Heritage (Qwest Records, 2016), el nuevo disco de Richard Bona, lanzado al mercado el pasado 24 de junio.

    Este nuevo proyecto, producido por Quincy Jones, ese otro brujo de la música, es la confirmación del feliz encuentro del bajista con Mandekan Cubano, grupo con el que el músico camerunés viene tocando desde hace más de cuatro años y con el que se presentó el pasado 2 de julio en el Festival VIJAZZ, de Vilafranca del Penedés, una de las citas en España, incluida en la gira internacional de presentación del disco.

    Si eres de los que conocen el bilongo de Richard Bona ya puedes estar de enhorabuena por su nuevo disco, y si eres de los que aún no conocen o conocen poco a este brujo de la música, también puedes estar de enhorabuena porque aquí te vamos a contar el bilongo del músico, de Mandekan Cubano, del disco y del concierto de presentación.

    Richard Bona
    es un músico nato. En palabras de Manu Dibango, Bona es un músico instintivo como Django Reinhardt, el tipo de músico que está más allá de su instrumento, da igual si toca el piano o la armónica, porque en él vive la música. En la actualidad, Bona es uno de los más influyentes bajistas del mundo, un maestro absoluto de la música que, como bajista, adquirió prestigio de la mano de (léelo bien) Joe Zawinul, quien ya sabía lo que hay que saber sobre los más grandes bajistas.

    Bona llegó a nuestro mundo el 28 de octubre de 1967 en el río Yalai, en Minta, una pequeña población de Camerún. Nació en el seno de una familia de honda tradición musical; su madre cantaba en el coro de la iglesia y su abuelo materno era Griot, uno de esos juglares consumados, depositarios de la tradición oral, que conservan la memoria, las tradiciones, la música y las canciones ceremoniales en África.

    De niño, Bona era muy intenso –según él mismo confiesa- y lloraba mucho. Pronto su familia descubrió que lo único que calmaba a ese niño tan intenso era la música. A los 3 años de edad empezó a tocar el balafón. Era tímido y solía estar en su habitación cantando y tocando su instrumento. Cuando enfermó de malaria, el sonido del balafón lo tranquilizaba, así que su abuelo le enseñó a construirlo. Con 5 años hizo su primer balafón y a los 7 construyó su primera guitarra. Desde los 5 años tocaba con frecuencia y ya era una celebridad: cantaba con su madre en la iglesia, y tocaba también el órgano y la guitarra. Cada domingo venía gente de todas partes a verlo tocar en la misa y todos querían que tocara en los bautizos y bodas. Tenía el don de poder tocar cualquier instrumento que escuchara con sólo con verlo tocar y él mismo los construía con latas de aceite y alambres de bicicleta (ver documental).

    Douala-París-New York…

    Bona tenía 11 años cuando su familia se trasladó de Minta a la gran ciudad portuaria de Douala, la segunda ciudad más importante de Camerún y la más poblada. Empezó a tocar con bandas de bikutsi y makossa -músicas populares urbanas de Camerún- en bares y cabarets. Por entonces –como narra su madre en el documental biográfico- fue cuando su padre le partió la guitarra en la cabeza, pues a pesar de ser percusionista no quería que Richard fuera músico y tocara en cabarets. Algo que él no recuerda con enfado pues- dice- la fuerza de la música era mayor.

    En Douala, un club francés de jazz fue abierto en un hotel. Aunque Bona no sabía nada de jazz conformó una banda para tocar allí, le pagarían 20 veces más lo que ganaba tocando en los bares, así que necesitaba el bolo. El propietario del hotel donde tocaba la guitarra tenía una colección de 500 LPs que Bona escuchaba para aprender lo que tenía que tocar. Entre ellos, escogió el disco Portrait of Tracy de Jaco Pastorius, lo que cambió su vida para siempre. Fue entonces cuando le quitó 2 cuerdas a su guitarra para tocarla como un bajo y por ello lo echaron de la banda. ¿Qué habría pasado –pregunta el bajista italiano Luca Angelici a Richard Bona en una entrevista de mediados de julio 2016- si Richard hubiera escogido On the corner de Miles Davis o Return to forever de Chick Corea? A lo mejor hoy sería un trompetista o un pianista. La cuestión es que el disco que Bona eligió para escuchar fue el de Pastorius.

    Tras la muerte de su padre (1985), Bona se traslada a París en 1989, con 22 años. Sus apariciones en clubes de jazz locales, junto a músicos como Manu Dibango, Marc Ducret, Didier Lockwood o Salif Keïta hacen que su fama de virtuoso continúe creciendo mientras que profundiza el estudio de la música de Miles Davis, Chet Baker… Los años que pasó en París fueron un periodo muy formativo donde se reunió con músicos de estilos muy variados.

    Su reputación no paraba de crecer. Pero el bilongo empezó con su traslado a Nueva York en 1995 (actualmente vive en Brooklyn) lo que hizo realmente despegar su carrera y prestigio internacional. En la década de los años 1990, su musicalidad y virtuosismo se convirtieron en leyenda en Paris y Nueva York. A las dos semanas de llegar a la Gran Manzana ya estaba de director musical de Harry Belafonte. Visitó los clubs más famosos de jazz de la ciudad y actuó con músicos de la importancia de Michael & Randy Brecker, Pat Metheny, Larry Coryell, Mike Stern, Steve Gadd, Joe Zawinul.

    Richard Bona ha superado muchas dificultades. Estuvo viviendo indocumentado en Nueva York, y en París también tenía problemas de papeles y dinero, pero es algo que nunca le ha importado, porque –dice- sus papeles son la música y si tiene su guitarra qué importa la policía. Ahora ya es ciudadano estadounidense; tuvo la suerte de no haber sido nunca arrestado por no tener papeles.

    Aunque ha recorrido un gran camino musical, Bona sigue recordando su primer instrumento: el balafón. Hoy es un músico superdotado, multi-instrumentista, bajista genial, compositor, arreglista, líder, cantante y compositor fuera de serie. Su estilo es único, una mezcla de jazz, afro-beat, bossa nova, pop, funk y se ha atrevido hasta con el flamenco.

    Richard Bona ha publicado nueve álbumes en los que mezcla diferentes tradiciones de una forma nueva y sorprendente pero manteniéndose fiel a sus raíces: Scenes From My Life (Columbia, 1999), Kaze Ga Kureta Melody (Sony, 2000), Reverence (Columbia Europe, 2001), Munia: The Tale (Verve, 2003), Toto Bona Lokua (No Format, 2005), Tiki (Decca, 2006), Bona Makes You Sweat (Decca, 2008), The Ten Shades of Blues (Decca, 2010), Bonafied (Universal Music France, 2013) y Heritage (Qwest Records, 2016)

    Heritage

    En el vídeo de presentación del disco, con la versión de Bilongo de fondo, Quincy Jones se refiere a Richard Bona como “el tipo más talentoso del planeta” y añade que tener un artista camerunés haciendo un álbum afrocubano es para él como un sueño vuelto realidad.

    Heritage está inspirado en el legado musical compartido por África occidental y Cuba, recordando que la clave africana y la clave cubana en últimas son una misma. Este trabajo ha sido creado –asegura Richard Bona– para mostrar la herencia, la riqueza de la música tradicional del occidente africano y de Cuba, que es un patrimonio mundial. Se trata de un viaje interminable de ida y vuelta en el que Richard Bona se siente cómodo como nadie. En este primer álbum oficial de música afrocubana del genio de Douala, él brilla nuevamente junto con los músicos de Mandekan Cubano.

    Mandekan Cubano no es solo cubano. Los músicos cómplices de Richard Bona en la grabación del disco y en el tour internacional son: Osmany Paredes (Cuba), pianista de los dedos mágicos, elegante y eficaz en el jazz y la herencia afrocubana. Luisito Quintero (Venezuela), percusionista brillantísimo, omnipresente y viejo conocido de Radio Gladys Palmera. Rey David Alejandre (México), uno de los trombonistas más buscados del mundo. Dennis Hernández (Cuba), cuyo estilo afrocubano particular en la trompeta ha seducido lo más exquisito del latin jazz. Roberto Quintero (Venezuela), una devoción a la herencia afrocaribeña con 17 premios Grammy. Los hermanos Quintero son conocidos como los látigos de la percusión. Ludwig Afonso (Cuba), en la batería, quien se ha formado en Miami y está radicado en Nueva York.

    Heritage seduce desde el mismo diseño de su portada, una carátula preciosa de colores vivos con el artista en primer plano. El disco contiene 12 temas con magníficos arreglos vocales, delicadeza de interpretación y fantásticas improvisaciones. Las canciones con el sabor de los ritmos afrocubanos (cha cha chá, guajira y timba) constituyen la mayor parte del álbum. Matanga y Eva son canciones melancólicas sobre acontecimientos tristes, cantadas con mucho sentimiento. La canción Essèwè Ya Monique tiene un estilo más africano que cubano. La versión de Bilongo, la primera canción que Richard Bona aprendió cuando fue a Cuba, es soberbia, digna de figurar entre las mejores de las miles de versiones que del tema existen. Richard Bona canta en duala (O diwala, douala, dualla, dwala, dwela, sawa) su lengua natal, la más hablada en la ciudad más poblada de Camerún. Algunos coros los canta en español, sin embargo, según la revista Jazzwise, el primer tema del álbum, Aka Lingala Te, está cantado en lingala, una lengua del Congo, lo que sugiere el comienzo del viaje. Este proyecto reúne ritmos y melodías con mucho sabor y sentimiento. Dicho en cubano: con mucho bilongo, montuno y tumbao para los amantes de la brujería musical.

    Amor en carne viva

    Soy admiradora de Richard Bona desde la primera vez que lo vi, el 02 de julio de 2002, en Pueblo Español, dentro del festival Grec de Barcelona. Se trataba del concierto de presentación de Speaking of now, el undécimo disco de estudio de Pat Metheny. Esa noche quedé maravillada con dos descubrimientos musicales que brillaron tanto o más que el guitarrista de Missouri: el baterista mexicano Antonio Sánchez y el músico camerunés, que destacó de forma deslumbrante en los coros, como guitarrista y percusionista. Quedé tan gratamente sorprendida con el músico africano que no dudé ni un segundo en asistir al concierto que ofrecería el 25 de julio, al frente de su grupo, en la Plaza del Rey. Fue anunciado a través de volantes esa misma noche, pues este concierto no figuraba en el programa impreso del Grec. La presentación de Richard Bona en la Plaza del Rey, esta vez tocando el bajo, confirmó con creces que estaba ante un músico de calidad excepcional. Desde entonces ha sido para mí una referencia fundamental cuando se habla de bajistas y cantantes.

    En Vilafranca, Richard Bona era uno de los músicos que encabezaba el cartel del Banc Sabadell Vijazz Penedès 2016. El sábado 2 de julio, 14 años después de nuestra primera vez, asistí a su memorable concierto y lo hice desde la mismísima prueba de sonido sin saber que el músico y su grupo ya me estaban echando bilongo.

    Con su banda, Richard Bona va del pianissimo al forte sin estridencia, y cede el protagonismo a cada músico cuando a cada quien le corresponde, siendo él el protagonista calla o baja el volumen, escucha y celebra los solos de los demás. Por ello es posible decir que tiene una concepción integral de la música. Con la plaza a reventar no se oía nada que no viniera del escenario. El haber sido músico de iglesia tiene que ver con su manera de asumir un sonido acústico pese a contar con todos los equipos de amplificación. Su bilongo tiene el poder de embrujar de inmediato a la audiencia, el respetable escuchó su música con emoción y en silencio, algo realmente inusual en conciertos multitudinarios. Después de dos canciones, las más sentimentales de Heritage, hizo que la gente cantara algunos coros. Más adelante nos hizo participar aplaudiendo y finalmente hizo que bailáramos con todo el sabor afrocubano de su proyecto, involucrando todo el cuerpo. Pudimos experimentar sentimientos, conectar con nosotros mismos, con él y entre todos, gracias a su música.

    El músico cantó y tocó el bajo a la vez al nivel magistral que él lo hace, algo sumamente difícil. Él canta con voz aguda, angelical, a la vez que su bajo también canta. Su sonrisa ilumina todo el escenario y su música es un regalo inigualable.

    Richard Bona es un showman, sabe atrapar a la audiencia y llevarla donde él quiera, su presencia, sus palabras y su música transmiten una energía buenísima. Bona contagia al público de su amor por la música y se da una comunión – común unión, un ritual en el que todo mundo participa, nadie queda intocable-. Los conciertos del llamado “Sting africano” son inolvidables. Además de la belleza de su voz, juega con “loops” para crear un mayor espectro vocal. Su música conmueve tanto que mientras lo escuchas no te extrañe si estás sonriendo de oreja a oreja, sintiendo grande el corazón y en un estado de conexión espiritual con el universo. Sus conciertos son un viaje interestelar.

    Como habrás oído, visto y leído, cuando se habla de Richard Bona ¡no es suficiente un solo golpe na’ ma’!

    Richard Bona es un ninja, como le llaman sus amigos, tal vez desde sus años de bajista de Joe Zawinul o por su relación con los amplificadores de bajo Little Mark Ninja y Traveler 121 NINJA de la marca italiana Markbass, de Marco De Virgiliis, que él respalda con su firma y que junto con su bajo Fodera de 5 cuerdas logra un sonido único: el sonido Richard Bona, según dicen.

    Richard Bona es África, es jazz, es Cuba, es herencia y lo ha sintetizado en Heritage. Con Mandekan Cubano está llevando a cabo la gira mundial para transmitir el bilongo de su música, es decir de la música.

    Heritage Tour 2016- Richard Bona & Mandekan Cubano

    Si estás en Nueva York el 9 y 10 de septiembre próximos no dejes de ir a la celebración del primer aniversario del Club Bona Fide de Richard Bona, con la presentación del bajista y Mandekan Cubano. El Club Bonafide (Bonafide= fiable, genuino), está localizado en la 212 East 52nd Street, y está trayendo de vuelta la música a la calle 52, conocida como “Swing Street”.

    Isabel Llano