El bilongo de Richard Bona

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Isabel Llano
nos cuenta como el músico camerunés golpea con mucho bilongo en Heritage, su nuevo disco acompañado por el grupo Mandekan Cubano y producido por Quincy Jones.

En la tradición afrocubana la palabra bilongo significa hechizo amoroso, aquel que le echó la Negra Tomasa a su marido en la célebre canción cubana. ¿Quién no reconoce ese estribillo que todos hemos tarareado o sufrido alguna vez y que ha sido versionado en todo el mundo por todo tipo de músicos y ritmos? Pues bien, parece que a Richard Bona también le han echado bilongo los músicos cubanos del grupo Mandekan y aquí te traemos los detalles de toda esta brujería musical. ¡Kikiribú mandinga, kikiribú mandinga!

“¡Aeeeeee…un solo golpe na’ma’!”, advierte el coro, antes que el bajo y el timbal marquen la entrada de los demás instrumentos. Así empieza Jokoh Jokoh, uno de los 12 temas de Heritage (Qwest Records, 2016), el nuevo disco de Richard Bona, lanzado al mercado el pasado 24 de junio.

Este nuevo proyecto, producido por Quincy Jones, ese otro brujo de la música, es la confirmación del feliz encuentro del bajista con Mandekan Cubano, grupo con el que el músico camerunés viene tocando desde hace más de cuatro años y con el que se presentó el pasado 2 de julio en el Festival VIJAZZ, de Vilafranca del Penedés, una de las citas en España, incluida en la gira internacional de presentación del disco.

Si eres de los que conocen el bilongo de Richard Bona ya puedes estar de enhorabuena por su nuevo disco, y si eres de los que aún no conocen o conocen poco a este brujo de la música, también puedes estar de enhorabuena porque aquí te vamos a contar el bilongo del músico, de Mandekan Cubano, del disco y del concierto de presentación.

Richard Bona
es un músico nato. En palabras de Manu Dibango, Bona es un músico instintivo como Django Reinhardt, el tipo de músico que está más allá de su instrumento, da igual si toca el piano o la armónica, porque en él vive la música. En la actualidad, Bona es uno de los más influyentes bajistas del mundo, un maestro absoluto de la música que, como bajista, adquirió prestigio de la mano de (léelo bien) Joe Zawinul, quien ya sabía lo que hay que saber sobre los más grandes bajistas.

Bona llegó a nuestro mundo el 28 de octubre de 1967 en el río Yalai, en Minta, una pequeña población de Camerún. Nació en el seno de una familia de honda tradición musical; su madre cantaba en el coro de la iglesia y su abuelo materno era Griot, uno de esos juglares consumados, depositarios de la tradición oral, que conservan la memoria, las tradiciones, la música y las canciones ceremoniales en África.

De niño, Bona era muy intenso –según él mismo confiesa- y lloraba mucho. Pronto su familia descubrió que lo único que calmaba a ese niño tan intenso era la música. A los 3 años de edad empezó a tocar el balafón. Era tímido y solía estar en su habitación cantando y tocando su instrumento. Cuando enfermó de malaria, el sonido del balafón lo tranquilizaba, así que su abuelo le enseñó a construirlo. Con 5 años hizo su primer balafón y a los 7 construyó su primera guitarra. Desde los 5 años tocaba con frecuencia y ya era una celebridad: cantaba con su madre en la iglesia, y tocaba también el órgano y la guitarra. Cada domingo venía gente de todas partes a verlo tocar en la misa y todos querían que tocara en los bautizos y bodas. Tenía el don de poder tocar cualquier instrumento que escuchara con sólo con verlo tocar y él mismo los construía con latas de aceite y alambres de bicicleta (ver documental).

Douala-París-New York…

Bona tenía 11 años cuando su familia se trasladó de Minta a la gran ciudad portuaria de Douala, la segunda ciudad más importante de Camerún y la más poblada. Empezó a tocar con bandas de bikutsi y makossa -músicas populares urbanas de Camerún- en bares y cabarets. Por entonces –como narra su madre en el documental biográfico- fue cuando su padre le partió la guitarra en la cabeza, pues a pesar de ser percusionista no quería que Richard fuera músico y tocara en cabarets. Algo que él no recuerda con enfado pues- dice- la fuerza de la música era mayor.

En Douala, un club francés de jazz fue abierto en un hotel. Aunque Bona no sabía nada de jazz conformó una banda para tocar allí, le pagarían 20 veces más lo que ganaba tocando en los bares, así que necesitaba el bolo. El propietario del hotel donde tocaba la guitarra tenía una colección de 500 LPs que Bona escuchaba para aprender lo que tenía que tocar. Entre ellos, escogió el disco Portrait of Tracy de Jaco Pastorius, lo que cambió su vida para siempre. Fue entonces cuando le quitó 2 cuerdas a su guitarra para tocarla como un bajo y por ello lo echaron de la banda. ¿Qué habría pasado –pregunta el bajista italiano Luca Angelici a Richard Bona en una entrevista de mediados de julio 2016- si Richard hubiera escogido On the corner de Miles Davis o Return to forever de Chick Corea? A lo mejor hoy sería un trompetista o un pianista. La cuestión es que el disco que Bona eligió para escuchar fue el de Pastorius.

Tras la muerte de su padre (1985), Bona se traslada a París en 1989, con 22 años. Sus apariciones en clubes de jazz locales, junto a músicos como Manu Dibango, Marc Ducret, Didier Lockwood o Salif Keïta hacen que su fama de virtuoso continúe creciendo mientras que profundiza el estudio de la música de Miles Davis, Chet Baker… Los años que pasó en París fueron un periodo muy formativo donde se reunió con músicos de estilos muy variados.

Su reputación no paraba de crecer. Pero el bilongo empezó con su traslado a Nueva York en 1995 (actualmente vive en Brooklyn) lo que hizo realmente despegar su carrera y prestigio internacional. En la década de los años 1990, su musicalidad y virtuosismo se convirtieron en leyenda en Paris y Nueva York. A las dos semanas de llegar a la Gran Manzana ya estaba de director musical de Harry Belafonte. Visitó los clubs más famosos de jazz de la ciudad y actuó con músicos de la importancia de Michael & Randy Brecker, Pat Metheny, Larry Coryell, Mike Stern, Steve Gadd, Joe Zawinul.

Richard Bona ha superado muchas dificultades. Estuvo viviendo indocumentado en Nueva York, y en París también tenía problemas de papeles y dinero, pero es algo que nunca le ha importado, porque –dice- sus papeles son la música y si tiene su guitarra qué importa la policía. Ahora ya es ciudadano estadounidense; tuvo la suerte de no haber sido nunca arrestado por no tener papeles.

Aunque ha recorrido un gran camino musical, Bona sigue recordando su primer instrumento: el balafón. Hoy es un músico superdotado, multi-instrumentista, bajista genial, compositor, arreglista, líder, cantante y compositor fuera de serie. Su estilo es único, una mezcla de jazz, afro-beat, bossa nova, pop, funk y se ha atrevido hasta con el flamenco.

Richard Bona ha publicado nueve álbumes en los que mezcla diferentes tradiciones de una forma nueva y sorprendente pero manteniéndose fiel a sus raíces: Scenes From My Life (Columbia, 1999), Kaze Ga Kureta Melody (Sony, 2000), Reverence (Columbia Europe, 2001), Munia: The Tale (Verve, 2003), Toto Bona Lokua (No Format, 2005), Tiki (Decca, 2006), Bona Makes You Sweat (Decca, 2008), The Ten Shades of Blues (Decca, 2010), Bonafied (Universal Music France, 2013) y Heritage (Qwest Records, 2016)

Heritage

En el vídeo de presentación del disco, con la versión de Bilongo de fondo, Quincy Jones se refiere a Richard Bona como “el tipo más talentoso del planeta” y añade que tener un artista camerunés haciendo un álbum afrocubano es para él como un sueño vuelto realidad.

Heritage está inspirado en el legado musical compartido por África occidental y Cuba, recordando que la clave africana y la clave cubana en últimas son una misma. Este trabajo ha sido creado –asegura Richard Bona– para mostrar la herencia, la riqueza de la música tradicional del occidente africano y de Cuba, que es un patrimonio mundial. Se trata de un viaje interminable de ida y vuelta en el que Richard Bona se siente cómodo como nadie. En este primer álbum oficial de música afrocubana del genio de Douala, él brilla nuevamente junto con los músicos de Mandekan Cubano.

Mandekan Cubano no es solo cubano. Los músicos cómplices de Richard Bona en la grabación del disco y en el tour internacional son: Osmany Paredes (Cuba), pianista de los dedos mágicos, elegante y eficaz en el jazz y la herencia afrocubana. Luisito Quintero (Venezuela), percusionista brillantísimo, omnipresente y viejo conocido de Radio Gladys Palmera. Rey David Alejandre (México), uno de los trombonistas más buscados del mundo. Dennis Hernández (Cuba), cuyo estilo afrocubano particular en la trompeta ha seducido lo más exquisito del latin jazz. Roberto Quintero (Venezuela), una devoción a la herencia afrocaribeña con 17 premios Grammy. Los hermanos Quintero son conocidos como los látigos de la percusión. Ludwig Afonso (Cuba), en la batería, quien se ha formado en Miami y está radicado en Nueva York.

Heritage seduce desde el mismo diseño de su portada, una carátula preciosa de colores vivos con el artista en primer plano. El disco contiene 12 temas con magníficos arreglos vocales, delicadeza de interpretación y fantásticas improvisaciones. Las canciones con el sabor de los ritmos afrocubanos (cha cha chá, guajira y timba) constituyen la mayor parte del álbum. Matanga y Eva son canciones melancólicas sobre acontecimientos tristes, cantadas con mucho sentimiento. La canción Essèwè Ya Monique tiene un estilo más africano que cubano. La versión de Bilongo, la primera canción que Richard Bona aprendió cuando fue a Cuba, es soberbia, digna de figurar entre las mejores de las miles de versiones que del tema existen. Richard Bona canta en duala (O diwala, douala, dualla, dwala, dwela, sawa) su lengua natal, la más hablada en la ciudad más poblada de Camerún. Algunos coros los canta en español, sin embargo, según la revista Jazzwise, el primer tema del álbum, Aka Lingala Te, está cantado en lingala, una lengua del Congo, lo que sugiere el comienzo del viaje. Este proyecto reúne ritmos y melodías con mucho sabor y sentimiento. Dicho en cubano: con mucho bilongo, montuno y tumbao para los amantes de la brujería musical.

Amor en carne viva

Soy admiradora de Richard Bona desde la primera vez que lo vi, el 02 de julio de 2002, en Pueblo Español, dentro del festival Grec de Barcelona. Se trataba del concierto de presentación de Speaking of now, el undécimo disco de estudio de Pat Metheny. Esa noche quedé maravillada con dos descubrimientos musicales que brillaron tanto o más que el guitarrista de Missouri: el baterista mexicano Antonio Sánchez y el músico camerunés, que destacó de forma deslumbrante en los coros, como guitarrista y percusionista. Quedé tan gratamente sorprendida con el músico africano que no dudé ni un segundo en asistir al concierto que ofrecería el 25 de julio, al frente de su grupo, en la Plaza del Rey. Fue anunciado a través de volantes esa misma noche, pues este concierto no figuraba en el programa impreso del Grec. La presentación de Richard Bona en la Plaza del Rey, esta vez tocando el bajo, confirmó con creces que estaba ante un músico de calidad excepcional. Desde entonces ha sido para mí una referencia fundamental cuando se habla de bajistas y cantantes.

En Vilafranca, Richard Bona era uno de los músicos que encabezaba el cartel del Banc Sabadell Vijazz Penedès 2016. El sábado 2 de julio, 14 años después de nuestra primera vez, asistí a su memorable concierto y lo hice desde la mismísima prueba de sonido sin saber que el músico y su grupo ya me estaban echando bilongo.

Con su banda, Richard Bona va del pianissimo al forte sin estridencia, y cede el protagonismo a cada músico cuando a cada quien le corresponde, siendo él el protagonista calla o baja el volumen, escucha y celebra los solos de los demás. Por ello es posible decir que tiene una concepción integral de la música. Con la plaza a reventar no se oía nada que no viniera del escenario. El haber sido músico de iglesia tiene que ver con su manera de asumir un sonido acústico pese a contar con todos los equipos de amplificación. Su bilongo tiene el poder de embrujar de inmediato a la audiencia, el respetable escuchó su música con emoción y en silencio, algo realmente inusual en conciertos multitudinarios. Después de dos canciones, las más sentimentales de Heritage, hizo que la gente cantara algunos coros. Más adelante nos hizo participar aplaudiendo y finalmente hizo que bailáramos con todo el sabor afrocubano de su proyecto, involucrando todo el cuerpo. Pudimos experimentar sentimientos, conectar con nosotros mismos, con él y entre todos, gracias a su música.

El músico cantó y tocó el bajo a la vez al nivel magistral que él lo hace, algo sumamente difícil. Él canta con voz aguda, angelical, a la vez que su bajo también canta. Su sonrisa ilumina todo el escenario y su música es un regalo inigualable.

Richard Bona es un showman, sabe atrapar a la audiencia y llevarla donde él quiera, su presencia, sus palabras y su música transmiten una energía buenísima. Bona contagia al público de su amor por la música y se da una comunión – común unión, un ritual en el que todo mundo participa, nadie queda intocable-. Los conciertos del llamado “Sting africano” son inolvidables. Además de la belleza de su voz, juega con “loops” para crear un mayor espectro vocal. Su música conmueve tanto que mientras lo escuchas no te extrañe si estás sonriendo de oreja a oreja, sintiendo grande el corazón y en un estado de conexión espiritual con el universo. Sus conciertos son un viaje interestelar.

Como habrás oído, visto y leído, cuando se habla de Richard Bona ¡no es suficiente un solo golpe na’ ma’!

Richard Bona es un ninja, como le llaman sus amigos, tal vez desde sus años de bajista de Joe Zawinul o por su relación con los amplificadores de bajo Little Mark Ninja y Traveler 121 NINJA de la marca italiana Markbass, de Marco De Virgiliis, que él respalda con su firma y que junto con su bajo Fodera de 5 cuerdas logra un sonido único: el sonido Richard Bona, según dicen.

Richard Bona es África, es jazz, es Cuba, es herencia y lo ha sintetizado en Heritage. Con Mandekan Cubano está llevando a cabo la gira mundial para transmitir el bilongo de su música, es decir de la música.

Heritage Tour 2016- Richard Bona & Mandekan Cubano

Si estás en Nueva York el 9 y 10 de septiembre próximos no dejes de ir a la celebración del primer aniversario del Club Bona Fide de Richard Bona, con la presentación del bajista y Mandekan Cubano. El Club Bonafide (Bonafide= fiable, genuino), está localizado en la 212 East 52nd Street, y está trayendo de vuelta la música a la calle 52, conocida como “Swing Street”.

Isabel Llano

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