Tomándole un pulso al mundo

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PastoJazz llega a su sexta edición del 13 al 16 de septiembre apostando por una variedad musical distinta a los de otros festivales. Homenaje y regreso a “la tierrita” de Tico Pierhagen.

Oscar Acevedo es un viejo lobo de jazz. Ha buceado en todas las aguas de esta música que se debate constantemente entre la efervescencia rítmica del arte contemporáneo y la dulzura melódica del arte clásico.

Aún recuerdo aquellas tardes cuando nos reuníamos en nuestros apartamentos de Barcelona a elaborar un curso que dictaríamos sobre música latina, donde yo daría la parte teórica y él la parte práctica, por supuesto. Al final el curso no se hizo, aunque yo seguí por mi rumbo en lo teórico y Oscar se consagró por el suyo en la práctica.

Han pasado 17 años desde entonces (“¿hace tanto tiempo?, ¡qué vejez!”, diría él) y dentro de esas aguas que han fluido en los siguientes, Oscar ha grabado discos, hecho giras, dictado clases, organizado eventos y ha sido columnista de El Tiempo. No sé de más porque no me ha contado más, pero es un buen ritmo de vida que, por aquellas cosas del destino, le viene como anillo al dedo a su siguiente parada: PastoJazz.

Surgido en medio de una oleada de festivales del género, PastoJazz tuvo su génesis durante un Seminario-taller de periodismo cultural en el marco del III Congreso Iberoamericano de Cultura en Medellín, al que asistieron entre otros, Juan Carlos Santacruz Gaviria, Oscar Acevedo y este servidor. Una charla casual entre Juan Carlos, director del Fondo Mixto de Cultura de Nariño, y yo, determinó su creación y que ha llevado el Fondo con tanto entusiasmo como capacidad de gestión.

No es nada sencillo porque San Juan de Pasto aún es una ciudad imberbe en estos temas. No hay un equilibrio entre el gasto que se hace para ver un concierto en Carnavales, que en otro momento del año. No hay un equilibrio entre el patrocinio a un concierto de música de despecho, que a uno de jazz. No hay un equilibrio entre la cantidad de escenarios existentes y el mantenimiento que se hace de ellos. De modo que PastoJazz, a pesar de haber nacido como propuesta de llevar a la ciudad a los grandes músicos del mundo, ha girado poco a poco hacia la posibilidad de que músicos locales muestren sus productos.

Tampoco es ilógico que ello ocurra. Pasto, y Nariño en general, son cunas naturales de talento musical. Al igual que ciudades como La Habana o Río de Janeiro, en esta también surgen músicos hasta debajo de las piedras, y lo que necesitan es formación y oportunidades.

PastoJazz incluye, como no, espacios para las llamadas clínicas. Es decir, talleres que dictan los músicos invitados a quien quiera inscribirse en ellos que, por lo general, son estudiantes de conservatorio o de escuelas privadas. Hace un tiempo participó en estas el pianista panameño Danilo Pérez, que de esto sabe un mundo porque trabaja en Berklee College of Music, y este año llega Oscar Acevedo, ex alumno de Berklee y profesor de la Universidad de los Andes en Bogotá. Sus clases, soy testigo, son buenísimas y clarificadoras.

También es importante su presencia porque Oscar ha estado vinculado por décadas al Festival Internacional de Jazz del Teatro Libre de Bogotá, que ya lleva la friolera de 28 ediciones y que es el más veterano del Circuito de Jazz Colombia, una alianza nacional destinada a facilitar la circulación de los artistas y sus proyectos entre los diferentes festivales de jazz que se realizan anualmente. De modo que el Fondo Mixto también saldrá beneficiado.

Abro un paréntesis y les cuento que Miguel Camacho Castaño, presentador oficial de PastoJazz y quien prepara una serie de conversatorios en público con todos los músicos invitados, también fue presentador oficial del Festival del Teatro Libre cuando este evento comenzaba en los años 90.

Y en cuanto a la música, la propuesta de Oscar Acevedo, grabada hace menos de un mes en el auditorio de la Universidad de los Andes, se titula A Toda Costa y en el que seguramente habrán mezclas de pasillos y bambucos con jazz, y ecos de Pat Metheny, como toda su obra. Pero él huye, de todas formas, de los lugares comunes y eso es algo que lo atrae de Pasto: una ciudad en la que han congeniado con el mismo fervor la salsa, el rock, la música andina y la música romántica.

De lugares comunes también huye Juan Carlos Santacruz y el Fondo Mixto de Cultura, pues a diferencia de MedeJazz, que este año trae toda una caravana de jazz afrocubano, PastoJazz se acerca a una diversidad poco conocida en estos ámbitos. Por decir algo, mientras en Medellín aterrizan las estrellas salseras Típica 73, Bobby Valentín y Cuco Valoy, en Pasto lo hacen el grupo francés LaBulKrack, el trío italiano de Fabrizio Bosso y el cuarteto israelí de Yotam Silberstein.

LaBulKrack es una fanfarria o fanfaré; banda de metales cuyo formato ha sido asociado durante años a la musicalidad gipsy del este europeo. En la costa atlántica colombiana se hablaría de ella como de una papayera y en el interior como de una retreta. Y eso es lo simpático, pues hacer jazz en esas condiciones requiere un manejo muy swing del asunto. LaBulKrack tiene tres trompetas, tres trombones y cinco saxofones.

Italia ha tenido grandes fanfarés y por ende, grandes trompetistas de este formato como Roy Paci. Pero también concertistas de trompeta-jazz más clásica como Fabrizio Bosso. El veterano trompetista turinés es famoso por el manejo de la sordina y por sus peculiares versiones de estándares pop como el tema Another One Bites The Dust de Queen.

Más metheniana es la propuesta del guitarrista Yotam Silberstein, que recoge ese espíritu de gran ciudad que siempre llevan consigo los habituales de las salas y estudios de Nueva York.

Se trata entonces de “tomarle el pulso al mundo”, en palabras de Santacruz, quien no descarta, sin embargo, la presencia afrocubana. “Es la gente la aquí la que hace más latin”, afirma. Y para demostrarlo está la Red de Escuelas de Música de la ciudad, que hará una versión jazzística de temas salseros de Fruko y su Tesos, además de un homenaje a Chato Guerrero.

Luis Chato Guerrero
fue todo un personaje en la vida cultural nariñense. Compositor de bambucos, boleros y sonsureños, es sobre todo conocido por su tema Cachirí (“así es Cachirí, popular en el Valle de Atriz”) y por sentido del humor que lo acompañó siempre. Al escritor Julián Bastidas Urresty le contó alguna vez: “A mis amigos les digo: ya estoy vuelto una chatarra. ¿Y porqué, Guerrerito, qué le pasa? Porque chatarra viene de chato, les digo”.
Tico Pierhagen
La Red de Escuelas de Música simboliza el mañana de la música nariñense, Chato Guerrero simboliza la eternidad de esa música, y Tico Pierhagen simboliza el regreso. Nacido en Pasto, pero criado en Utretch, Pierhagen se reencontró con sus raíces en 2008 y convirtió esos acordes andinos en la base de su estilo musical en un piano rebosante de virtuosismo. Es a él y a su retorno a casa a quien está dedicada esta edición del festival.

Otro pastuso en escena será el guitarrista John Gómez al frente de su cuarteto, quien juega de local en esta edición al ser todo un veterano de anteriores PastoJazz. El debut lo firma el ensamble experimental Nie Dam Sie, una alternativa sonora aún por descubrir.

La sede del evento musical será el reformado, comodísimo y elegante Teatro Javeriano, el mejor del sur de Colombia para este tipo de presentaciones y cuya curiosa historia se puede leer AQUÍ. Un escenario que demuestra la modernización de una ciudad que se abre hacia las músicas del mundo.

José Arteaga

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