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  • Un compás natural

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    El festival PastoJazz 2014: músicas del mundo rinde homenaje a Noro Bastidas, quintaesencia de dos épocas de talento nariñense al servicio del jazz.

    Hace muuuchos años, cuando Pasto estaba tan escondida que ni “la ciudad sorpresa” la llamaban y la Segunda Guerra Mundial apenas había acabado, un grupo de músicos nariñenses con deseos aventureros organizó en Bogotá el conjunto Swing Boys. Aquel quinteto con pinta de ensamble que hacía música estándar universal e instrumental y piezas de Lucho Bermúdez pero con pinta de jazz, lo integraban el pianista Alfonso Ocaña, el baterista Bolívar Larrañaga, el trompetista Fausto Martínez, y los saxofonistas (y también intérpretes de cuerdas) Plinio Herrera y Eriberto Mideros. Fue esa, que se sepa, la primera muestra de jazz pastuso en la capital colombiana.

    Luego llegaría una extensa camada de músicos pastusos de gran calibre, algunos de los cuales se convertirían en figuras casi de inmediato, como Gerardo Sansón y Manuel Martínez Pollit; y otros que empezarían modestamente hasta alcanzar el estrellato, como Edy Martínez y Noro Bastidas.

    Curioso el caso de estos dos últimos, pues son familia (Edy es sobrino de Noro), son pianistas (Edy lo alternó con la batería y Noro con la guitarra), y vivieron en dos épocas en Bogotá (Edy desde niño en los 40 y siendo un ilustre veterano en los 90; y Noro también a finales de los 40 y siendo ya un veteranazo en los 80). Sin embargo, a Edy lo tocó en Nueva York la varita mágica del estrellato en el jazz y la salsa, mientras que a Noro la historia lo ha tratado como a un artista local.

    Luis Noro Bastidas fue jazzista en Bogotá y hombre de cualquier tipo de música en Pasto. En su tierra hizo parte de la orquesta Jazz Colombia, no necesariamente una agrupación que interpretara swing y bebop, pero si que había incorporado a su formato instrumentos de viento que le dieron la categoría que se conoce como “tipo jazz band”.

    La Jazz Colombia fue una escuela para los músicos nariñenses de los años 40 y 50. Su cotización hizo que se la viera como un futbolista cuando ve a los equipos de la Premier League: su mayor anhelo es jugar allí. Por eso sólo los mejores tocaron en la Jazz Colombia, cuyo repertorio, al igual que la Swing Boys, abarcaba desde los tangos de Anibal Troilo hasta las gaitas de Lucho Bermúdez.

    AlmaNarinense1También tocó en la orquesta Alma Nariñense, una soberana banda que se convirtió en la referencia número uno de la llamada “música elegante” de la ciudad durante los años 60. El propio Noro le contó a Julián Bastidas Urresty que si bien en sus comienzos Alma Nariñense sólo hacía bambucos y sonsureños, pronto incorporó estándares nacionales y clásicos de la canción popular americana, además de guarachas, mambos y chachachás. En ello influyó el propio Noro, el residente Fred Thayer, el director Enrique Bastidas y el joven talento Eduardo Maya.

    Fantasías en 6/8

    Pero metidos en la segunda etapa de vida bogotana de los dos músicos citados; con Edy Martínez preparando lo que sería su álbum Privilegio (Nuevo Milenio, 1995) y Noro Bastidas liderando un cuarteto en el Hotel Cosmos, sucedió un hecho llamativo que cambiaría las reglas del juego para estos músicos y sus paisanos continuadores. No fue un hecho puntual, sino una sucesión de acontecimientos motivados por un cambio de mentalidad y la irrupción de una nueva generación: el jazz colombiano estableció un nexo indisoluble con la música folclórica nacional del interior.

    Para efectos nariñenses el primer brote se dio en 1993 cuando en el Festival Mono Núñez de Ginebra, Valle, el dúo conformado por el clarinetista paisa Jaime Uribe Espitia y el guitarrista ipialeño José Revelo Burbano arrasó con todos los premios finales del evento, entre ellos el de mejor obra inédita para Fantasía en 6/8, compuesta por este último.

    Por supuesto, no se trata de una canción cualquiera, sino de un bambuco tratado con tanta limpieza, sencillez y emoción que se ha convertido en un referente de la interpretación instrumental académica colombiana. Y su nombre explica la ligera barrera existente entre dos músicas aparentemente tan distintas: es una fantasía, un juego para efectos del bambuco, y una fantasía, una improvisación melódica para efectos del jazz swing. Y es 6/8 porque es el compás natural del bambuco y porque es el ritmo ternario por excelencia del jazz.

    Hay una teoría, una leyenda urbana más bien, que dice que todo lo que vaya más allá de un compás de 2/4 es muy complicado como para que lo toque cualquiera. Y es cierto. Hay una distancia de complejidad entre ambos compases. Pero también es una verdad a medias pues en 2/4 está la balada que tiene una estructura muy simple, pero también el son cubano que tiene una posibilidad armónica infinita. Y precisamente en la música afrocubana hay una variante en 6/8, más propia del denominado “complejo de la rumba” y cuya asociación con el 6/8 del jazz y del bambuco a duras penas ha sido explorado.

    Respecto a la improvisación, algunos músicos de bambuco insisten en que ellos no improvisan con criterios jazzísticos; pero resulta que no hay un criterio jazzístico estándar para improvisar por la sencilla razón de que existen muchos estilos. Algunos de ellos han hecho carrera como el jazz latino de piano y ritmo (introducción, tema, improvisación, coda), pero se trata sólo de una forma de improvisar. Quizás el error provenga de considerar al jazz solamente como música improvisada y al bambuco como mera música de folclor.

    Elucubraciones académicas aparte, lo cierto es que esa Fantasía en 6/8 de José Revelo, fue grabada por Uribe y Revelo en el álbum Recital (Codiscos en 1995), y oficializada en el repertorio del trío Seresta de los mismos músicos. Sin embargo, los que llevaron el tema a los altares de la música tradicional colombiana fue otro trío con otras intenciones regionales, aunque siguiendo el mismo patrón de desarrollo: Guafa Trío. GuafaTrio1

    Integrado en sus orígenes por el flautista Ignacio Ramos, el bajista Leonardo Gómez Jattin y el cuatrista Armando González, Guafa Trío arrancó haciendo joropos con acento jazz en 1998. Una cosa llevó a la otra y antes de acabar los 90 los tres ya estaban interpretando bambucos y pasillos, y tratando de ir más allá de la formalidad en el bossa nova. Así llegaron al Mono Núñez de 1999, ganaron el primer puesto y se volvieron famosos.

    Lo que siguió fue una seguidilla de grabaciones (Música Tradicional Colombiana, 2000; Entreverao, 2001; Entre Montaña y Sabana, 2004; y A Paso de León, 2006) y de giras por Estados Unidos y la Europa Mediterránea. En ello ayudó, por supuesto, su ángel de la guarda particular, Antonio Arnedo, y, como no, el impacto de su versión de Fantasía en 6/8 de su primer álbum y difundida con mucho ánimo en Barcelona y alrededores por Luis Ortiz de La Trocha Imaginaria.

    Esa versión del tema de Revelo tenía un color distinto, quizás dado por el tono de la flauta de Ramos y la rítmica natural del cuatro de González, lo que ofrecía un sentido de amplitud y una evocación de sabana o de llano, diferente al sentido de recogimiento y de introspección melancólica andina de su original.

    Pero bueno, lo cierto es que pasado un tiempo Guafa Trío fue cambiando hasta quedar sólo Ramos de sus integrantes originales. Gómez Jattin se fue a seguir liderando su novedoso proyecto Ale Kuma y a acompañar a su amada María Mulata. Armando González se separaría después. La de Gómez Jattin fue una separación polémica, por cierto, pues entre bambalinas estaba el retiro del mercado del disco Entre Montaña y Sabana y el lanzamiento de Herencia con un repertorio similar.

    El nuevo álbum de Guafa Trío se titula Tempo Nuevo y cuenta con la participación de la cantante radicada en Barcelona Marta Gómez como invitada especial. Guafa Trío, que tiene a Cristian Guataquira en el cuatro y a Javier Andrés Mesa en el bajo, lanza el álbum en septiembre coincidiendo con la realización del festival PastoJazz.

    Músicas del mundo

    Desde hace ya tiempo los festivales de música no son rigurosamente especializados. Son eventos eclécticos que cobijan las llamadas músicas del mundo, las cuales no son más que reflejos de tendencias nacionales en boga como la del bambuco en Colombia. Para el caso del jazz, hasta los otrora exclusivos Montreux y Monterrey abogan por ritmos y géneros más distantes. Es el eco de la globalidad, lo cual ha influenciado festivales de otras músicas, como es apenas natural.

    Todo esto va porque al mismo tiempo en que sucedía la polémica de Gómez Jattin y el álbum Herencia, un sector de la opinión le daba la espalda al festival Mono Núñez argumentando presencia internacional. Un hecho aislado, sin duda, pues no es lo que ocurre en otros eventos como PastoJazz y en los demás festivales del Circuito de Jazz Colombia, donde la participación internacional es uno de los temas más delicados y complejos, a la par de exitosos de los eventos.

    El PastoJazz 2014 tiene como invitados nacionales (resulta evidente tras este escrito) a Noro Bastidas y a Guafa Trío, exponentes del ida y vuelta de la música autóctona y del jazz criollo. Dos generaciones, una que recoge el acerbo nariñense y la vieja tradición que el resto del país desconoce, y otra que representa los nuevos tiempos en que jazz y bambuco se han acercado hasta el romance… y que Pasto (cosa rara, dado el mundo en que vivimos) no conoce aún.

    ChanoDominguez_OyeComoVa_bookLos invitados internacionales vienen de cuatro países: España, Francia, Italia, Estados Unidos e Israel. Por España el excelso pianista gaditano Chano Domínguez y su enésimo proyecto de flamenco jazz, esta vez junto al guitarrista almeriense Niño Josele. Chano & Josele es también un álbum producido por Fernando Trueba y Nat Chediak, los mismos de Calle 54. Y aquí va otra curiosidad.

    Mientras en Colombia pasa lo que pasa con la necesidad de participación internacional de renombre en los festivales de jazz, en España sucede lo contrario. Festivales que tiempo atrás fueron ejemplo de pluralidad y amplitud de miras como el de Barcelona o el de Terrassa hoy han acortado su radio de acción poblando la programación de grupos locales en diferentes establecimientos, y repitiendo los mismos artistas foráneos año tras año. Hay quien dice que para los organizadores de estos festivales españoles no hay más jazz latino que el mostrado en Calle 54 y que por eso ni siquiera se buscan a otros.

    Por Francia llega el quinteto del pianista Alfio Origlio, otra forma de entender la relación flamenco-jazz (no confundir con el gipsy-jazz o jazz manouche). Francia, a diferencia de España, no ha dejado de apoyar los festivales de jazz desde la vía estatal con subvenciones e incentivos que fomenten el turismo en las pequeñas poblaciones. Y claro, eso ha provocado una “apropiación” natural de la población hacia sus eventos.

    Por Italia llega el Cantini-Marcotulli Quartetto liderado por la pianista Rita Marcotulli y el saxofonista Stefano Coco Cantini. Ambos son unos ilustres veteranos del jazz romano, pero con una inclinación en los últimos años por las bandas sonoras, tras haber participado en la creación de soundtracks para filmes y otras de teatro. Italia, para seguir con el cuento de los festivales, parece comenzar a retomar su época dorada tras largas décadas de ostracismo.

    Por Estados Unidos llega Calvache & Binney Quartet liderado por la pianista Carolina Calvache y el saxofonista David Binney. Calvache es un apellido pastusísimo, pero ella es caleña radicada en Nueva York. Su senda es la misma que han seguido antes de ella tantos pianistas colombianos en la Gran Manzana, sólo que con el énfasis en el folclor nacional que tanto han lucido Pablo Mayor y Ricardo Gallo. Ella aprovecha para presentar su álbum Sotareño.CarolinaCalvache1

    Y por Israel llega la intérprete de soul Ester Rada, una de las nuevas divas de la programación de Radio Gladys Palmera, que la define así: “El sonido de Ester Rada es intercultural y constituye una profunda reflexión sobre el papel de los israelíes de origen etíope. Educada en el seno de una familia judía muy religiosa y en uno de los barrios más duros de Israel, consigue dar un giro a su vida y cumplir su sueño de hacer música”. Más ecléctico, imposible.

    PastoJazz 2014, cuarta edición del mismo y cuya historia se recoge AQUÍ, abre con Guafa Trío y Chano & Josele el martes 9 de septiembre; continúa con Ester Rada el miércoles 10; con el proyecto Red de Escuelas de Música, interesante muestra del nuevo talento musical nariñense, el jueves 11; con Calvache & Binney y Alfio Origlio el viernes 12; y cierra con Cantini-Marcotulli el sábado 13. Las presentaciones de los artistas corren a cargo del veterano hombre de radio y especialista en el tema, Miguel Camacho Castaño. El evento estelar es el homenaje a Luis Noro Bastidas en el Teatro Imperial, que fue escenario de aquellas glorias en tiempos a.

    José Arteaga

  • El retorno de la Típica 73 en Tempo Latino

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    El festival francés Tempo Latino llega a su edición 21 con una muestra contundente de salsa de la vieja época y una reaparición estelar.

    Los carteles anuncian a Oscar de León en un dibujo hiperrealista del gran cantante venezolano rodeado de zapatos rojos de tacón. Es una obra de Jean-Paul Chambas, el pintor más importante de la escena artística de Gers, departamento del centro de Francia donde está ubicada la pequeña localidad de Vic-Fezensac.

    Es el poster del festival Tempo Latino 2014, aunque no es el único. Chambas ha hecho otras versiones alternativas con los otros músicos que serán cabeza de cartel. Es una buena idea, no sólo como reclamo publicitario sino como evidencia del talento de este artista que ya había hecho los carteles de 1995 y 1996. El arte pictórico sigue siendo un elemento vital para la organización del evento más salsero de la región.

    Bueno, salsero salsero no es exclusivamente, aunque el eclecticismo de los festivales de jazz modernos le permiten a Tempo Latino ampliar su universo de sonoridades afro-caribeñas. Ya lo ha hecho en oportunidades anteriores (quizás con mayor amplitud), y en esta ocasión lo deja para su tercera noche con la actuación de la agrupación Herencia de Timbiquí.

    Dirigida por el saxofonista Harly Lozano Herencia de Timbiquí representa la música de la Costa Pacífica colombiana, música riquísima en variedad y que tiene como uno de sus puntales a la marimba de chonta. En apariencia es un instrumento artesanal común y corriente, pero su sonoridad es única, dada por el tipo de madera del árbol que le da su nombre y que sólo crece en las zonas húmedas de los departamentos colombianos de Cauca y Nariño.

    Herencia de Timbiquí podría ser perfectamente cabeza de cartel. Llevan ya 14 años de existencia, participan con frecuencia en los grandes festival del mundo y han tenido en los últimos años el apoyo de peces gordos de las nuevas sonoridades tropicales como Quantic. Sin embargo, esta vez tendrán que estar antes de la banda parisina Kassav, toda una institución del zouk de Martinica, que cumple ya 35 años en escena.

    Se dice que el zouk nació en los años 80 en Haití, pero la verdad es que sus raíces pertenecen a las Antillas Menores y que Kassav ha hecho por su preservación más que cualquier otro conjunto francés.

    Pero esa es la tercera noche, como ya se ha dicho. La primera es la de Oscar de León, que ya había estado en el 97 y que, como es su costumbre, no suele decepcionar pues siempre derrocha vitalidad. De León, además, siempre es noticia. Su autobiografía, prologada por Rubén Blades, es un éxito editorial, en gran medida porque las ganancias de sus ventas irán destinados a los niños venezolanos que padecen malformaciones craneofaciales, a través de la Fundación Operación Sonrisa.

    A él lo antecede la orquesta de Nimes Salsafón, que viene promocionando su álbum A Tite Cantamos, dedicado a la memoria del inolvidable compositor Tite Curet Alonso. El álbum contiene, por supuesto, Anacaona, símbolo de la salsa de los 70 y que cantara el fallecido sonero Cheo Feliciano. Y a Cheo se le brindará homenaje, como no, tanto en el gran escenario de la Plaza de Les Arènes, como en las programaciones de Cap Tempo y de La Conga, y en la radio, pues Tempo Latino tendrá su propia radio y para su montaje han pedido la colaboración de El Molestoso Enrique Romero, uno de los incondicionales del evento tanto en Francia como en España.

    Enrique Romero nos cuenta que el día concreto del homenaje a Cheo es el viernes 25 de julio cuando suban a tarima dos de las agrupaciones emblemáticas de la salsa neoyorquina de todos los tiempos: la Orquesta Broadway y la Típica 73.

    La Orquesta Broadway sigue estando liderada desde su fundación en 1962 por el flautista Eddie Zervigón, santo y seña de la charanga del Caribe urbano, aunque en los últimos años la dirección musical ha recaído en el pianista colombiano Pablo Mayor. Son muchos los años y muchas las grabaciones, pero el éxito y la vigencia de la Broadway ha dependido de la elegancia de su sonido y el esmerado cuidado de su obra.

    La Típica 73, por su parte, nació en el año que le da su nombre y aunque es conocida por ser una charanga, su sonido es atípico por la incorporación de otros instrumentos. Soportada por el percusionista Johnny Rodríguez y el pianista Sonny Bravo, se ha organizado de nuevo en una exclusiva para Tempo Latino. Y no es una exclusiva cualquiera. La Típica 73 es una orquesta de culto entre los melómanos. Bien valen la pena unas cuantas horas de carretera para ir a verla y escucharla.

    El cierre del festival estará a cargo de Africando, un clásico no sólo de Tempo Latino sino de la salsa contemporánea. Africando es especial porque interpreta en wolof un repertorio tradicional, pero también porque ha pasado de ser una banda de Senegal a una orquesta pan-africana con músicos de varios países, incluyendo algunos radicados en Nueva York. A Africando la antecede Conga Libre, orquesta ya muy conocida de Toulousse.

    Tempo Latino fue creado por iniciativa del docente Eric Duffau y un grupo de amigos suyos en septiembre de 1993. Desde entonces es el gran evento latino de Gers y Vic Fezensac respira música afrocubana por los cuatro costados; la capacidad hotelera no da abasto, la calle principal se convierte en una feria permanente y los alrededores de la plaza de toros de Les Arènes ofrecen desde promociones de casas discográficas hasta opciones gastronómicas latinas. Los grandes artistas tocan en Les Arènes y los dj’s y bandas del stage lo hacen en el espacio aledaño La Conga. El festival arranca el 24 de julio y culmina el 27.

    José Arteaga.

  • La noche que llegó el songo a Medellín

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    Sergio Santana narra el acercamiento de Medellín a Los Van Van, y de paso nos cuenta como fue el impacto de la nueva música cubana en Colombia.

    El hallazgo de Los Van Van –y en general de la música cubana tras la revolución de 1959- para el público de Medellín se produjo poco a poco, de la mano de estudiantes e intelectuales de izquierda, más por el amor por la música y la admiración por el proyecto político en la isla, que por las razones del mercado que han traído otras modas y otros consumos, efímeros, mediocres y desechables. La música de Juan Formell llegó despacio, pero llegó para quedarse.

    Las primeras grabaciones de Los Van Van llegaron a Medellín a mediados de la década de los 70 del siglo pasado por vías no comerciales, los protagonistas fueron los teatreros, intelectuales, profesores universitarios y sindicalistas que viajaban a La Habana en intercambios culturales o por conocer, de propia vista, el proceso político de la isla y regresaban cargados de música, y entre los discos y casetes se colaron Los Van Van, que ya sonaban por todos los rincones de la isla bloqueada.

    Pero esas grabaciones se quedaron en reuniones familiares y en intercambios entre amigos –compañeros, diríamos ahora-, hasta que llegó la primera invasión vanvanera durante los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se realizaron en junio de 1978.

    Los deportistas cubanos, además de salir vencedores en las justas, fueron un motivo de intercambio cultural, en sus maletas llegaron discos de agrupaciones novedosas en la ciudad como Los Van Van, Irakere, Son 14 y Ritmo Oriental. Con ellos supimos, además, que la Orquesta Aragón y Celina González estaban vigentes y grabando, que existía un nuevo movimiento socio-político-musical llamado nueva trova que tenía como protagonistas a un Pablo Milanés, a un Silvio Rodríguez, a una Sara González. Algunas de esas grabaciones sonaron en la radio, pero Medellín no las entendió, la onda salsera neoyorquina prevalecía -y prevalece- y el songo se quedó engavetado.

    La música cubana tuvo que hacer un viaje aún más largo: llegó con los estudiantes que habían construido su proyecto de vida en las universidades del desaparecido “campo socialista” de la Europa Oriental: venía con los graduandos de Moscú y Kiev. Venían en discos de larga duración etiquetados en ruso.

    Para comienzos de la siguiente década, con los discos de contrabando que llegaron de Venezuela, aparecieron los primeros éxitos vanvaneros en la ciudad: Sandunguera, El Baile del Buey Cansao, La Habana no Aguanta Más, Anda, Ven y Muévete y Eso que Anda. Aun así la radio se resistía a programarlos habitualmente. Estudiantes universitarios que frecuentaban los bares de salsa de la calle La Paz entre Carabobo y Bolívar, entre ellos El Oro de Munich, La Bahía –de Humberto Freddy Gómez-, y unas cuadras más al norte, La Titular de William Gutiérrez, llevaban grabaciones en casete para que sonaran en estos centros de hedonismo y sabrosura.

    Cuando la salsa buscó otros espacios en la calle San Juan con la apertura de Convergencia, del profesor Edgar Arroyo, en 1987, entre la programación habitual de salsa clásica, nueva trova cubana y otros sonidos del gran Caribe como el reggae, el kompa direct y la soca, Los Van Van ahora sí empezaron a encontrar su espacio. Por esas calendas, la estación radial Latina Estéreo comenzó tímidamente a programar sus éxitos, especialmente la gozosa Sandunguera.

    El definitivo arraigo vanvanero se produjo en Rumbantana, en la calle San Juan, fundada en 1995, cuando comenzaron a programar noche tras noche y con discos traídos directamente de La Habana los grandes éxitos de Juan Formell y sus muchachos. La rumba se volvió eterna e imparable con Aquí el que Baila Gana, Que Sorpresa, Te Pone la Cabeza Mala, Se Acabó el Querer, Normal Natural, Deja la Ira, De Igual a Igual, Permiso que Llegó Van Van, Disco Azúcar, Que le den Candela, Soy Todo

    Además, una noche en el año 2001 programaron seis horas seguidas de Los Van Van en las inolvidables audiciones de los jueves.

    Medellín ahora sí podía ingresar en las grandes ligas vanvaneras y sólo quedaba vivir la experiencia en vivo de Los Van Van de Cuba…

    Van Van is here

    Durante varios años, uno de los más apasionados de Los Van Van en la ciudad, el periodista Juan Fernando Trujillo, El Flako, intentó convencer a los empresarios del espectáculo para que trajeran a los cubanos de nuevo sonido. No hubo interés, los temores estaban en que eran pocos conocidos y que su música poco sonaba en la radio comercial. Finalmente, el empresario Óscar Castañeda, de la Corporación Medellín de Jazz, arriesgó y se comprometió en semejante proyecto y se iniciaron los contactos para traerlos.

    Y llegó la hora… la noche de magia, pero persistía la incredulidad, las preguntas corrían por las calles: ¿vienen Los Van Van? ¿Será posible? La radio se unió al regocijo y programaron más grabaciones de lo habitual. La prensa abrió sus páginas y anunciaron la presencia de un sonido novedoso de bajo y percusión llamado songo que llegaba de Cuba.

    La fecha no se olvidará nunca: 1 de noviembre de 2007, en el escenario del Teatro Metropolitano. Estaban programados para las 8 pm, pero con los retrasos tan habituales en nuestro medio empezaron 40 minutos después y nadie dijo nada. Se abrieron por fin los telones y arrancó el songo, Juan Formell, Mayito Rivera, Yenisel Valdés, El Lele, Robertón Hernández y los éxitos de siempre y los de su trabajo más reciente de ese entonces: Chapeando, Anda, Ven y Quiéreme y Ven, Ven, Ven. Y los casi 1.500 espectadores quedaron extasiados después de casi dos horas de exorcismo vanvanero.

    Esa noche cubana fue una apuesta a la aceptación de los nuevos sonidos provenientes de la isla, a los que algunos mal llaman salsa cubana y otros, tal vez más respetuosos de los particulares ritmos cubanos, discriminan entre songo y timba. Pese a tratarse de géneros que no se encuentran en la programación de las emisoras que difunden salsa, pese a conocerse relativamente poco el extenso trabajo de Formell y sus Van Van, pese a no ser en un escenario apto para el baile, pese al pésimo sonido contratado para la actuación, a la gente le gustó la propuesta rítmica y melódica que, como la audiencia entrenada ha crecido notablemente, ahora los problemas técnicos sí puede determinar el éxito de una presentación.

    Al final del concierto, Juan Formell en los camerinos se dirigió a su trombonista estelar, Hugo Morejón, y le dijo excitado: «anótalo, tenemos más vanvaneros en el corazón para llevar a Cuba».

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    Los regresos

    Cuando pasó el éxtasis, cuando las revoluciones y evoluciones sonoras de Los Van Van se calmaron en las almas de los paisas, regresaron para una presentación en un espacio más abierto pero con otras deficiencias de sonido que no han podido superar con el paso de los años, la Plaza de Toros La Macarena -ahora llamada Centro de Eventos La Macarena-. Era el 9 de octubre de 2009 y alternaron con el Grupo Niche. Pero la asistencia no fue buena como esperaban los empresarios, aun así entregaron el alma en tarima por un motivo inmenso: celebraban 40 años alegrando corazones.

    Fresca está la más reciente visita de Los Van Van a Medellín: fue el 2 de julio de 2010 para el cierre del III Congreso Iberoamericano de Cultura, evento masivo y gratuito en la Plaza Carabobo Norte, a un costado de la Universidad de Antioquia y al frente del Jardín Botánico. Compartieron tarima con el dominicano Víctor Víctor, la peruana Susana Baca (con un estelar Samuel Torres), el varias veces rey del vallenato Alfredo Gutiérrez y la cuota del latin jazz local con Siguarajazz. Seguramente la mejor presentación en nuestros predios porque el sonido estuvo impecable, el público de todos los rincones de la ciudad estaba presente y los cubanos se entregaron por más de dos horas de songo, goce, virtuosismo y nuevas sonoridades.

    Gracias Formell

    El 1 de mayo se fue Juan Formell después de no superar las dolencias que lo aquejaban de tiempo atrás. Los Van Van seguirán abriendo brechas a las sutilezas del encierro. Sus grabaciones ya son fáciles de conseguir, se descargan de Internet al día siguiente de su publicación. Seguramente vendrán nuevas voces, nuevas tendencias sonoras y en Medellín seguiremos a la expectativa vanvanera.

    La música de Los Van Van llegó a Medellín para confirmar un desmentido: que el son se había ido de Cuba. No solo no se había ido, sino que se había enriquecido, el alma del baile estaba intacta y ahora se dirigía a las nuevas generaciones, en la isla y en el resto de América Latina a través de la música alegre, dicharachera y desenfadada (pero también inquietante y crítica) del grupo que encabezara Formell.

    Salseros, soneros, songueros, timberos y vanvaneros convivimos en el mismo éter sonoro.

    Aquí el que baila ¡Gana!

    Sergio Santana Archbold