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  • Pedro Navaja, Malevo de Esquina

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    Carlos Franzetti y Rubén Blades han tenido tantas coincidencias en su vida artística que es imposible no pensar en la premeditación del álbum Tangos.

    Piensan algunos que Tangos, la más reciente producción discográfica de Rubén Blades, no pasará precisamente a la historia, sino que más bien pasará desapercibida. Piensan, dicen, que Tangos es aburrido, reiterativo, falto de swing y de sorpresa, atiborrado de lugares comunes y metido con calzador en este ritmo más que centenario. Dicen, los que así piensan, que es lo más soso que se le ha ocurrido a Blades desde que hizo Cantos del Subdesarrollo con un concepto de garage-record en el año 2009.

    Hasta cierto punto tienen razón. Rubén Blades ha acostumbrado a su público fiel (en el que me incluyo) a la sorpresa constante. Su apuesta maravillosa por la salsa narrativa junto a Willie Colón sólo la superó con otra carga de mayor profundidad titulada Maestra Vida. Su salto a los nuevos tiempos junto a Seis del Solar sólo pudo igualarlo con su potente entrada a la globalidad junto a Editus.

    Pero también es verdad que no todas las sorpresas tienen que ser cantos que supongan subir un escalón dentro de un mismo género musical. Una sorpresa también es una pausa y Blades ha hecho muchas pausas en su carrera para acercarse a otros mundos y otros ámbitos. El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es Nothing but the Truth, incursión de 1988 en el rock experimental y los estilos aledaños al new wave.

    Este es un acercamiento a otro mundo, aunque el tango haya estado inmerso en la música del Caribe durante décadas, en especial vinculado a su pariente cercano, el bolero con el que han intercambiado letras y armonías, algunas de ellas ilustrísimas. Y desde que la salsa es salsa, pues han abundado las adaptaciones de viejos tangos a la rítmica afro-antillana. El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es Los Mareados, original de 1942 con música de Juan Carlos Cobián y letra del prolífico Enrique Cadícamo, y llevado a la salsa por Ray Barretto en su magnífico Giant Force de 1980 con arreglo, ¡mira tu por donde!, de Carlos Franzetti.


    Entre Expósito y Piazzolla

    Carlos Franzetti se dio a conocer en el mundo del espectáculo a los ocho años, en Buenos Aires, en un programa de concurso de Radio Argentina, cuando cantó Muñeca Brava, viejo tango del mismo autor de Los Mareados, Enrique Cadícamo. Pero no era un advenedizo. Ya tomaba clases en el Conservatorio y lo que hizo el concurso fue permitirle pagar más clases privadas. Cuando cumplió la mayoría de edad se fue a México y en 1974 aterrizó en Nueva York, la tierra prometida.

    Es como si hubiese seguido los pasos de Astor Piazzolla, santo y seña para aquellos tiempos de todo lo que oliera a tango en el mundo y buena parte de lo que vinculara a este género con el jazz. Franzetti se graduó en la Julliard y como en esta vida, una cosa lleva a la otra, pues su círculo de amistades fue ampliándose hasta dar con las hermanas Dixon (Gayle y Akua) y con el violinista Carl Ector, todos vinculados al mundillo de la salsa (sobre todo al de la charanga). Y nació su primer grupo, The Prime Element; su primer álbum, Alborada; y su primer contacto con los músicos de la gran industria salsera que por entonces ya se permeaban con los artistas del jazz-funk.

    Su segundo trabajo en solitario, Grafitti, fue una especie de grabación por contrato para Vanguard Records y distribuido por sus filiales. Para la carátula se usó la foto icónica de Farrah Fawcett tomada por Bruce McBroom en la portada, y para la música, todo obra de Franzetti, el acompañamiento de Víctor Venegas en el bajo, que estaba con Johnny Pacheco; Dick Meza en la flauta, que estaba con Ray Barretto; y Ray Mantilla en las congas, quien ya tenía grupo propio. Franzetti entraba con pie derecho en la poderosa Fania Records, mientras que Grafitti, tras dormir un largo sueño, acabaría convertido en símbolo de la era post-disco.

    Sus trabajos para Fania comenzaron a finales de 1978 con el álbum Recordando a Felipe Pirela, de Héctor Lavoe, y donde compartió papel orquestador y de arreglos con su compatriota recién llegado a la Gran Manzana Jorge Calandrelli. Casi al mismo tiempo hizo los arreglos para Commitment de la Fania All Stars, concretamente en el tema La Palabra Adiós de Tite Curet Alonso y que vocalizara un hombre al que habría de estar unido desde entonces, Rubén Blades.


    Entre Colón y Sidney Lumet

    Convertido Franzetti en un habitual del sello Fania y Blades en una de sus tres estrellas más populares, nació un proyecto tan extraño como llamativo, Maestra Vida, ópera latina compuesta por Blades como una extensión de su intento de contextualizar la sucesión de personajes que había exhibido en sus discos anteriores. Y para musicalizar Maestra Vida, Willie Colón, responsable además de la producción, dirigió una orquesta compuesta por piano, bajo, sección de ritmo, sección de cuerdas (encargadas al ensemble Harold Hohon, que se formó para la ocasión), grupo coral con cuatro voces, y los vientos: cuatro trombones y un flugerhorn.

    No parece mucho, pero las orquestaciones le dieron ese aire sinfónico y grandilocuente a algunas de las piezas y preludios. Allí intervinieron como arreglistas el talentoso Louie Cruz, el maestro de maestros Marty Sheller y el joven Carlos Franzetti con improvisaciones supervisadas por Javier Vásquez. Y un caudal de ideas se metió en la mente del pianista argentino que a partir de ese momento diversificaría sus fuerzas en cuatro frentes: salsa (Giant Force de Ray Barretto, por ejemplo), jazz latino (Live at KeyStone Korner de Paquito D’Rivera, por ejemplo), nuevo tango (Orquesta Nova, por ejemplo) y bandas sonoras.

    Dos de estas últimas lo volvieron a asociar con Blades: la musicalísima Beat Street de Stan Lathan en 1984, donde Blades interpretó Carmen’s Theme con el piano de Franzetti; y el drama policial Q&A de Sidney Lumet en 1990, donde Blades hizo la música y Franzetti la dirección orquestal. Entonces no tenían la idea de hacer un disco de tangos, pero si de hacer algo juntos.


    Entre Mozzi y Federico

    La historia de Tango comenzó con una llamada telefónica desde Buenos Aires, donde el músico Gustavo Mozzi oficiaba como director artístico del Tango Buenos Aires Festival y Mundial de Baile, hasta New Jersey, donde Carlos Franzetti vivía. Comenzaba el año de 2010 y la oferta era que Franzetti participara en el evento con un proyecto especial. Entonces éste recordó la idea de hacer algo juntos y una frase casual del artista panameño, ya para ese momento retirado del Ministerio de Turismo de su país. Algo así como “¡qué bonito sería hacer algo de tango!”.

    Antes de lo que canta un gallo estaban los dos sentados intercambiando ideas y a mediados de agosto de ese año, en el archifamoso coliseo Luna Park de Buenos Aires, Rubén Blades interpretó algunos de sus temas más emblemáticos en tiempo de tango acompañado por una Orquesta Típica dirigida por Carlos Franzetti y por el bandoneón del maestro Leopoldo Federico. “Es un honor que no tienen idea”, dijo Blades antes de cantar Pablo Pueblo como si de una milonga se tratara.

    El show lo abrieron Federico y Carlos Gari con los tradicionales Gallo Ciego y Desencuentro, antes de dar paso a Blades, quien interpretó además Paula C y Ligia Elena, y le arrancó una ovación al público con el imprescindible Pedro Navaja. Así comenzó la idea del álbum que llevó a ambos músicos a grabar cinco canciones en los SoundRec Studios de Buenos Aires en septiembre de 2010, seis canciones en los Twinz Records Studios de New Jersey en febrero de 2011, y la incorporación de la sección de cuerdas de la Sinfónica de Praga en los Smecky Bandarov Studios de la capital checa también en febrero de 2011.

    En infinidad de ocasiones le han preguntado a Franzetti a lo largo de estos tres años: “¿qué pasa con el disco?”. Y Franzetti siempre ha respondido “Es que Rubén es un hombre muy ocupado”. Y es verdad. Hasta que Blades no se desocupó de otras grabaciones y giras Tangos no pudo ser lanzado finalmente por la casa Sunnyside.

    La grabación incluye Paula C, original del álbum Louie Ramírez y sus Amigos (Cotique, 1978); Ligia Elena, de Canciones del Solar de los Aburridos (Fania, 1981); Ella, Parao y Sebastián, de Mundo (Columbia, 2002); Pablo Pueblo, de Metiendo Mano (Fania, 1977); Pedro Navaja, de Siembra (Fania, 1978); Juana Mayo, de Antecedentes (Elektra, 1988); Adán García, de Amor y Control (Columbia, 1992); y Vida y Tiempos, de Tiempos (Sony, 1999).

    Todas son obras escritas por Blades, aunque algunas con características musicales diferentes. Por ejemplo, Paula C, originalmente una canción de amor tuvo un arreglo portentoso cuando salió al mercado a manos de Louie Ramírez, arreglo que hizo hincapié en el samba, en las cuerdas y en un juego final de metales. Ligia Elena, por su parte, antes de ser un son fue merengue y estaba pensada para salir a la luz en el disco Siembra de 1978 y no en Canciones del Solar de los Aburridos cuatro años después. Pablo Pueblo, entretanto, tiene un origen argentino, pues cuenta el escritor y melómano Fernando España que su letra estaba inspirada en los textos de canciones como Pedro Nadie y Juan Boliche del cantautor Piero. De Pedro Navaja si que se sabe de sobra su relación con Mack The Knife de Kurt Weill.


    Entre Expósito y Magaldi

    Como ya hemos dicho, la relación entre la salsa y el tango tiene antecedentes en los años cincuenta con famosas creaciones rioplatenses convertidas en bolero (Las Cuarenta, por Rolando La Serie) o convertidas en danzón (Fumando Espero, por la Orquesta Supercolosal). Luego se volvieron más comunes y se perdió el rastro de sus orígenes. El propio Blades interpretó tangos-bolero: en 1967, Vete De Mi con la Orquesta Dismeños; y en 1983, Te Odio Y Te Quiero con su propia agrupación. Y según confesó al diario Clarín, también un tango-danzón, Cambalache, con Seis del Solar, aunque nunca se prensó.

    Pero fíjense que curioso. Al cúmulo de coincidencias que tienen entre si Blades y Franzetti (ambos son nacidos el mismo año con un mes de diferencia), se une que su primera interpretación en público, por lo menos la que está oficialmente comprobada, tuviera en su origen a la misma persona: Virgilio Expósito fue quien tocó el piano aquella tarde en Radio Argentina para el lucimiento del niño Franzetti y Virgilio Expósito era el compositor de Vete de Mi que grabara para el sello Taboga el adolescente Blades.

    Y hay más. Para Franzetti este álbum tiene como elemento central “las letras de Rubén, de fuerte contenido social, que de algún modo tienen puntos de contacto con las de Agustín Magaldi”.

    Magaldi, apodado La Voz Sentimental de Buenos Aires, contemporáneo de Gardel, ha sido tema de debate permanente entre los historiadores del tango. La razón del debate es que fue denostado por sus colegas y venerado por sus oyentes. Según parece el asunto se debía a que sus canciones reflejaban la cotidianidad de la gente del común, rayando muchas veces en lo que la aristocracia porteña (para la que tocaban los grandes músicos), llamaban cursilería.

    Pero fue un pionero de la canción social y eso que no fue un letrista consumado, sino más bien un exponente de los relatos de otros. En el tango Dios Te Salve Mijo, dice: “El pueblito estaba lleno de personas forasteras, los caudillos desplegaban lo más rudo de su acción, arengando a los paisanos de ganar las elecciones por la plata, por la tumba, por el voto o el facón. Y al instante que cruzaban desfilando los contrarios un paisano gritó ¡viva! y al caudillo mencionó; y los otros respondieron, sepultando sus puñales en el cuerpo valeroso del paisano que gritó”.

    No es extraño que Franzetti rememore a Magaldi cuando habla de Blades, aunque este último prefiere mantenerse al margen de cualquier acercamiento histórico al tango: “No soy un cantante de tango, dice… Sólo estoy intentando demostrar que hay un terreno común entre ambos géneros. Un terreno donde las letras pueden tener el mismo tipo de impacto aún en audiencias distintas”.

    CarlosFranzetti_ITKOT_CD_FrontLa historia de esta curiosa relación Franzetti-Blades se completa justamente con el lanzamiento de Tangos, catalogado con el número SSC-1383 de Sunnyside. El número siguiente, el SSC-1384 corresponde a In The Key of Tango del propio Franzetti, que también se lanza por esta época y que es un tremendo repaso a la historia del tango desde la perspectiva de los grandes autores y sus obras magnas.

    Y aquí se incluye, cómo no, aquella canción que arreglara Franzetti para Ray Barretto en 1980, dejándola como una de las grandes piezas de salsa: Los Mareados.

    José Arteaga

  • Un compás natural

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    El festival PastoJazz 2014: músicas del mundo rinde homenaje a Noro Bastidas, quintaesencia de dos épocas de talento nariñense al servicio del jazz.

    Hace muuuchos años, cuando Pasto estaba tan escondida que ni “la ciudad sorpresa” la llamaban y la Segunda Guerra Mundial apenas había acabado, un grupo de músicos nariñenses con deseos aventureros organizó en Bogotá el conjunto Swing Boys. Aquel quinteto con pinta de ensamble que hacía música estándar universal e instrumental y piezas de Lucho Bermúdez pero con pinta de jazz, lo integraban el pianista Alfonso Ocaña, el baterista Bolívar Larrañaga, el trompetista Fausto Martínez, y los saxofonistas (y también intérpretes de cuerdas) Plinio Herrera y Eriberto Mideros. Fue esa, que se sepa, la primera muestra de jazz pastuso en la capital colombiana.

    Luego llegaría una extensa camada de músicos pastusos de gran calibre, algunos de los cuales se convertirían en figuras casi de inmediato, como Gerardo Sansón y Manuel Martínez Pollit; y otros que empezarían modestamente hasta alcanzar el estrellato, como Edy Martínez y Noro Bastidas.

    Curioso el caso de estos dos últimos, pues son familia (Edy es sobrino de Noro), son pianistas (Edy lo alternó con la batería y Noro con la guitarra), y vivieron en dos épocas en Bogotá (Edy desde niño en los 40 y siendo un ilustre veterano en los 90; y Noro también a finales de los 40 y siendo ya un veteranazo en los 80). Sin embargo, a Edy lo tocó en Nueva York la varita mágica del estrellato en el jazz y la salsa, mientras que a Noro la historia lo ha tratado como a un artista local.

    Luis Noro Bastidas fue jazzista en Bogotá y hombre de cualquier tipo de música en Pasto. En su tierra hizo parte de la orquesta Jazz Colombia, no necesariamente una agrupación que interpretara swing y bebop, pero si que había incorporado a su formato instrumentos de viento que le dieron la categoría que se conoce como “tipo jazz band”.

    La Jazz Colombia fue una escuela para los músicos nariñenses de los años 40 y 50. Su cotización hizo que se la viera como un futbolista cuando ve a los equipos de la Premier League: su mayor anhelo es jugar allí. Por eso sólo los mejores tocaron en la Jazz Colombia, cuyo repertorio, al igual que la Swing Boys, abarcaba desde los tangos de Anibal Troilo hasta las gaitas de Lucho Bermúdez.

    AlmaNarinense1También tocó en la orquesta Alma Nariñense, una soberana banda que se convirtió en la referencia número uno de la llamada “música elegante” de la ciudad durante los años 60. El propio Noro le contó a Julián Bastidas Urresty que si bien en sus comienzos Alma Nariñense sólo hacía bambucos y sonsureños, pronto incorporó estándares nacionales y clásicos de la canción popular americana, además de guarachas, mambos y chachachás. En ello influyó el propio Noro, el residente Fred Thayer, el director Enrique Bastidas y el joven talento Eduardo Maya.

    Fantasías en 6/8

    Pero metidos en la segunda etapa de vida bogotana de los dos músicos citados; con Edy Martínez preparando lo que sería su álbum Privilegio (Nuevo Milenio, 1995) y Noro Bastidas liderando un cuarteto en el Hotel Cosmos, sucedió un hecho llamativo que cambiaría las reglas del juego para estos músicos y sus paisanos continuadores. No fue un hecho puntual, sino una sucesión de acontecimientos motivados por un cambio de mentalidad y la irrupción de una nueva generación: el jazz colombiano estableció un nexo indisoluble con la música folclórica nacional del interior.

    Para efectos nariñenses el primer brote se dio en 1993 cuando en el Festival Mono Núñez de Ginebra, Valle, el dúo conformado por el clarinetista paisa Jaime Uribe Espitia y el guitarrista ipialeño José Revelo Burbano arrasó con todos los premios finales del evento, entre ellos el de mejor obra inédita para Fantasía en 6/8, compuesta por este último.

    Por supuesto, no se trata de una canción cualquiera, sino de un bambuco tratado con tanta limpieza, sencillez y emoción que se ha convertido en un referente de la interpretación instrumental académica colombiana. Y su nombre explica la ligera barrera existente entre dos músicas aparentemente tan distintas: es una fantasía, un juego para efectos del bambuco, y una fantasía, una improvisación melódica para efectos del jazz swing. Y es 6/8 porque es el compás natural del bambuco y porque es el ritmo ternario por excelencia del jazz.

    Hay una teoría, una leyenda urbana más bien, que dice que todo lo que vaya más allá de un compás de 2/4 es muy complicado como para que lo toque cualquiera. Y es cierto. Hay una distancia de complejidad entre ambos compases. Pero también es una verdad a medias pues en 2/4 está la balada que tiene una estructura muy simple, pero también el son cubano que tiene una posibilidad armónica infinita. Y precisamente en la música afrocubana hay una variante en 6/8, más propia del denominado “complejo de la rumba” y cuya asociación con el 6/8 del jazz y del bambuco a duras penas ha sido explorado.

    Respecto a la improvisación, algunos músicos de bambuco insisten en que ellos no improvisan con criterios jazzísticos; pero resulta que no hay un criterio jazzístico estándar para improvisar por la sencilla razón de que existen muchos estilos. Algunos de ellos han hecho carrera como el jazz latino de piano y ritmo (introducción, tema, improvisación, coda), pero se trata sólo de una forma de improvisar. Quizás el error provenga de considerar al jazz solamente como música improvisada y al bambuco como mera música de folclor.

    Elucubraciones académicas aparte, lo cierto es que esa Fantasía en 6/8 de José Revelo, fue grabada por Uribe y Revelo en el álbum Recital (Codiscos, 1995), y oficializada en el repertorio del trío Seresta de los mismos músicos. Sin embargo, los que llevaron el tema a los altares de la música tradicional colombiana fue otro trío con otras intenciones regionales, aunque siguiendo el mismo patrón de desarrollo: Guafa Trío. GuafaTrio1

    Integrado en sus orígenes por el flautista Ignacio Ramos, el bajista Leonardo Gómez Jattin y el cuatrista Armando González, Guafa Trío arrancó haciendo joropos con acento jazz en 1998. Una cosa llevó a la otra y antes de acabar los 90 los tres ya estaban interpretando bambucos y pasillos, y tratando de ir más allá de la formalidad en el bossa nova. Así llegaron al Mono Núñez de 1999, ganaron el primer puesto y se volvieron famosos.

    Lo que siguió fue una seguidilla de grabaciones (Música Tradicional Colombiana, 2000; Entreverao, 2001; Entre Montaña y Sabana, 2004; y A Paso de León, 2006) y de giras por Estados Unidos y la Europa Mediterránea. En ello ayudó, por supuesto, su ángel de la guarda particular, Antonio Arnedo, y, como no, el impacto de su versión de Fantasía en 6/8 de su primer álbum y difundida con mucho ánimo en Barcelona y alrededores por Luis Ortiz de La Trocha Imaginaria.

    Esa versión del tema de Revelo tenía un color distinto, quizás dado por el tono de la flauta de Ramos y la rítmica natural del cuatro de González, lo que ofrecía un sentido de amplitud y una evocación de sabana o de llano, diferente al sentido de recogimiento y de introspección melancólica andina de su original.

    Pero bueno, lo cierto es que pasado un tiempo Guafa Trío fue cambiando hasta quedar sólo Ramos de sus integrantes originales. Gómez Jattin se fue a seguir liderando su novedoso proyecto Ale Kuma y a acompañar a su amada María Mulata. Armando González se separaría después. La de Gómez Jattin fue una separación polémica, por cierto, pues entre bambalinas estaba el retiro del mercado del disco Entre Montaña y Sabana y el lanzamiento de Herencia con un repertorio similar.

    El nuevo álbum de Guafa Trío se titula Tempo Nuevo y cuenta con la participación de la cantante radicada en Barcelona Marta Gómez como invitada especial. Guafa Trío, que tiene a Cristian Guataquira en el cuatro y a Javier Andrés Mesa en el bajo, lanza el álbum en septiembre coincidiendo con la realización del festival PastoJazz.

    Músicas del mundo

    Desde hace ya tiempo los festivales de música no son rigurosamente especializados. Son eventos eclécticos que cobijan las llamadas músicas del mundo, las cuales no son más que reflejos de tendencias nacionales en boga como la del bambuco en Colombia. Para el caso del jazz, hasta los otrora exclusivos Montreux y Monterrey abogan por ritmos y géneros más distantes. Es el eco de la globalidad, lo cual ha influenciado festivales de otras músicas, como es apenas natural.

    Todo esto va porque al mismo tiempo en que sucedía la polémica de Gómez Jattin y el álbum Herencia, un sector de la opinión le daba la espalda al festival Mono Núñez argumentando presencia internacional. Un hecho aislado, sin duda, pues no es lo que ocurre en otros eventos como PastoJazz y en los demás festivales del Circuito de Jazz Colombia, donde la participación internacional es uno de los temas más delicados y complejos, a la par de exitosos de los eventos.

    El PastoJazz 2014 tiene como invitados nacionales (resulta evidente tras este escrito) a Noro Bastidas y a Guafa Trío, exponentes del ida y vuelta de la música autóctona y del jazz criollo. Dos generaciones, una que recoge el acerbo nariñense y la vieja tradición que el resto del país desconoce, y otra que representa los nuevos tiempos en que jazz y bambuco se han acercado hasta el romance… y que Pasto (cosa rara, dado el mundo en que vivimos) no conoce aún.

    ChanoDominguez_OyeComoVa_bookLos invitados internacionales vienen de cinco países: España, Francia, Italia, Estados Unidos e Israel. Por España el excelso pianista gaditano Chano Domínguez y su enésimo proyecto de flamenco jazz, esta vez junto al guitarrista almeriense Niño Josele. Chano & Josele es también un álbum producido por Fernando Trueba y Nat Chediak, los mismos de Calle 54. Y aquí va otra curiosidad.

    Mientras en Colombia pasa lo que pasa con la necesidad de participación internacional de renombre en los festivales de jazz, en España sucede lo contrario. Festivales que tiempo atrás fueron ejemplo de pluralidad y amplitud de miras como el de Barcelona o el de Terrassa hoy han acortado su radio de acción poblando la programación de grupos locales en diferentes establecimientos, y repitiendo los mismos artistas foráneos año tras año. Hay quien dice que para los organizadores de estos festivales españoles no hay más jazz latino que el mostrado en Calle 54 y que por eso ni siquiera se buscan a otros.

    Por Francia llega el quinteto del pianista Alfio Origlio, otra forma de entender la relación flamenco-jazz (no confundir con el gipsy-jazz o jazz manouche). Francia, a diferencia de España, no ha dejado de apoyar los festivales de jazz desde la vía estatal con subvenciones e incentivos que fomenten el turismo en las pequeñas poblaciones. Y claro, eso ha provocado una “apropiación” natural de la población hacia sus eventos.

    Por Italia llega el Cantini-Marcotulli Quartetto liderado por la pianista Rita Marcotulli y el saxofonista Stefano Coco Cantini. Ambos son unos ilustres veteranos del jazz romano, pero con una inclinación en los últimos años por las bandas sonoras, tras haber participado en la creación de soundtracks para filmes y otras de teatro. Italia, para seguir con el cuento de los festivales, parece comenzar a retomar su época dorada tras largas décadas de ostracismo.

    Por Estados Unidos llega Calvache & Binney Quartet liderado por la pianista Carolina Calvache y el saxofonista David Binney. Calvache es un apellido pastusísimo, pero ella es caleña radicada en Nueva York. Su senda es la misma que han seguido antes de ella tantos pianistas colombianos en la Gran Manzana, sólo que con el énfasis en el folclor nacional que tanto han lucido Pablo Mayor y Ricardo Gallo. Ella aprovecha para presentar su álbum Sotareño.CarolinaCalvache1

    Y por Israel llega la intérprete de soul Ester Rada, una de las nuevas divas de la programación de Radio Gladys Palmera, que la define así: “El sonido de Ester Rada es intercultural y constituye una profunda reflexión sobre el papel de los israelíes de origen etíope. Educada en el seno de una familia judía muy religiosa y en uno de los barrios más duros de Israel, consigue dar un giro a su vida y cumplir su sueño de hacer música”. Más ecléctico, imposible.

    PastoJazz 2014, cuarta edición del mismo y cuya historia se recoge AQUÍ, abre con Guafa Trío y Chano & Josele el martes 9 de septiembre; continúa con Ester Rada el miércoles 10; con el proyecto Red de Escuelas de Música, interesante muestra del nuevo talento musical nariñense, el jueves 11; con Calvache & Binney y Alfio Origlio el viernes 12; y cierra con Cantini-Marcotulli el sábado 13. Las presentaciones de los artistas corren a cargo del veterano hombre de radio y especialista en el tema, Miguel Camacho Castaño. El evento estelar es el homenaje a Luis Noro Bastidas en el Teatro Imperial, que fue escenario de aquellas glorias en tiempos a.

    José Arteaga

  • El retorno de la Típica 73 en Tempo Latino

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    El festival francés Tempo Latino llega a su edición 21 con una muestra contundente de salsa de la vieja época y una reaparición estelar.

    Los carteles anuncian a Oscar de León en un dibujo hiperrealista del gran cantante venezolano rodeado de zapatos rojos de tacón. Es una obra de Jean-Paul Chambas, el pintor más importante de la escena artística de Gers, departamento del centro de Francia donde está ubicada la pequeña localidad de Vic-Fezensac.

    Es el poster del festival Tempo Latino 2014, aunque no es el único. Chambas ha hecho otras versiones alternativas con los otros músicos que serán cabeza de cartel. Es una buena idea, no sólo como reclamo publicitario sino como evidencia del talento de este artista que ya había hecho los carteles de 1995 y 1996. El arte pictórico sigue siendo un elemento vital para la organización del evento más salsero de la región.

    Bueno, salsero salsero no es exclusivamente, aunque el eclecticismo de los festivales de jazz modernos le permiten a Tempo Latino ampliar su universo de sonoridades afro-caribeñas. Ya lo ha hecho en oportunidades anteriores (quizás con mayor amplitud), y en esta ocasión lo deja para su tercera noche con la actuación de la agrupación Herencia de Timbiquí.

    Dirigida por el saxofonista Harly Lozano Herencia de Timbiquí representa la música de la Costa Pacífica colombiana, música riquísima en variedad y que tiene como uno de sus puntales a la marimba de chonta. En apariencia es un instrumento artesanal común y corriente, pero su sonoridad es única, dada por el tipo de madera del árbol que le da su nombre y que sólo crece en las zonas húmedas de los departamentos colombianos de Cauca y Nariño.

    Herencia de Timbiquí podría ser perfectamente cabeza de cartel. Llevan ya 14 años de existencia, participan con frecuencia en los grandes festival del mundo y han tenido en los últimos años el apoyo de peces gordos de las nuevas sonoridades tropicales como Quantic. Sin embargo, esta vez tendrán que estar antes de la banda parisina Kassav, toda una institución del zouk de Martinica, que cumple ya 35 años en escena.

    Se dice que el zouk nació en los años 80 en Haití, pero la verdad es que sus raíces pertenecen a las Antillas Menores y que Kassav ha hecho por su preservación más que cualquier otro conjunto francés.

    Pero esa es la tercera noche, como ya se ha dicho. La primera es la de Oscar de León, que ya había estado en el 97 y que, como es su costumbre, no suele decepcionar pues siempre derrocha vitalidad. De León, además, siempre es noticia. Su autobiografía, prologada por Rubén Blades, es un éxito editorial, en gran medida porque las ganancias de sus ventas irán destinados a los niños venezolanos que padecen malformaciones craneofaciales, a través de la Fundación Operación Sonrisa.

    A él lo antecede la orquesta de Nimes Salsafón, que viene promocionando su álbum A Tite Cantamos, dedicado a la memoria del inolvidable compositor Tite Curet Alonso. El álbum contiene, por supuesto, Anacaona, símbolo de la salsa de los 70 y que cantara el fallecido sonero Cheo Feliciano. Y a Cheo se le brindará homenaje, como no, tanto en el gran escenario de la Plaza de Les Arènes, como en las programaciones de Cap Tempo y de La Conga, y en la radio, pues Tempo Latino tendrá su propia radio y para su montaje han pedido la colaboración de El Molestoso Enrique Romero, uno de los incondicionales del evento tanto en Francia como en España.

    Enrique Romero nos cuenta que el día concreto del homenaje a Cheo es el viernes 25 de julio cuando suban a tarima dos de las agrupaciones emblemáticas de la salsa neoyorquina de todos los tiempos: la Orquesta Broadway y la Típica 73.

    La Orquesta Broadway sigue estando liderada desde su fundación en 1962 por el flautista Eddie Zervigón, santo y seña de la charanga del Caribe urbano, aunque en los últimos años la dirección musical ha recaído en el pianista colombiano Pablo Mayor. Son muchos los años y muchas las grabaciones, pero el éxito y la vigencia de la Broadway ha dependido de la elegancia de su sonido y el esmerado cuidado de su obra.

    La Típica 73, por su parte, nació en el año que le da su nombre y aunque es conocida por ser una charanga, su sonido es atípico por la incorporación de otros instrumentos. Soportada por el percusionista Johnny Rodríguez y el pianista Sonny Bravo, se ha organizado de nuevo en una exclusiva para Tempo Latino. Y no es una exclusiva cualquiera. La Típica 73 es una orquesta de culto entre los melómanos. Bien valen la pena unas cuantas horas de carretera para ir a verla y escucharla.

    El cierre del festival estará a cargo de Africando, un clásico no sólo de Tempo Latino sino de la salsa contemporánea. Africando es especial porque interpreta en wolof un repertorio tradicional, pero también porque ha pasado de ser una banda de Senegal a una orquesta pan-africana con músicos de varios países, incluyendo algunos radicados en Nueva York. A Africando la antecede Conga Libre, orquesta ya muy conocida de Toulousse.

    Tempo Latino fue creado por iniciativa del docente Eric Duffau y un grupo de amigos suyos en septiembre de 1993. Desde entonces es el gran evento latino de Gers y Vic Fezensac respira música afrocubana por los cuatro costados; la capacidad hotelera no da abasto, la calle principal se convierte en una feria permanente y los alrededores de la plaza de toros de Les Arènes ofrecen desde promociones de casas discográficas hasta opciones gastronómicas latinas. Los grandes artistas tocan en Les Arènes y los dj’s y bandas del stage lo hacen en el espacio aledaño La Conga. El festival arranca el 24 de julio y culmina el 27.

    José Arteaga.